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La gloria de las flores – Por Ramiro Cuende

   

Aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor de la hierba, de la gloria de las flores, no debemos afligirnos. Porque siempre la belleza subsiste en el recuerdo”, William Wordsworth. Mi homenaje a Robin Williams y a Lauren Bacall The look. Hasta que toque, ¡oh capitán, mi capitán! Ella imponente, tenebrosa, bella. Él ternura, vida, humanidad. Jamás olvidaré las cara de mis hijos viendo a Dani Hillard, un adorable padre que para poder ver a sus hijos se hace pasar por una señora mayor, Mrs. Doubtfire, y hace el papel de su tata para poder vivirlos.

Un buen amigo, al que admiro por sus libres y variadas inteligencias, me desbroza a través de su lectura de estos, mis, soliloquios. Los estados anímicos que bullen por ellos en la columna; tristeza, rabia, alegría, y, ¿qué se yo? La mezcla de vivencias y reflexiones personales para toda clase de tranquilos lectores. Agradezco su deseo de que el lamento que late estos días en la columna deje pronto lugar a la alegría. Seguro que sí, a fin de cuentas, nada es tan importante como para hacernos perder la pasión de vivir. Se identificó con los veraneos de la semana pasada. Echó a faltar “irse de colonial”, que era la expresión que usaban los residentes en El Aaiún cuando sus padres, afortunados funcionarios, los llevaban de vacaciones a Canarias, con pancita de burro incluida, o a la Peni. Queda aprendido.

Cambio de tercio, el otro día mientras comía una veraniega paella, observaba la mesa, y eché en falta el viejo convoy de toda la vida con los mejunjes para ensaladas y demás. Han sido suplidos como por arte de birlibirloque por toda suerte de incómodos y plásticos cachivaches que discurren por las mesas de este país de aceite y vinagre ¿De quién habrá sido la idea, quién o quienes se habrán embostado con esta sanitaria medida? Si estas son las aportaciones, para mejorar la salud del país, ¡guárdenme un cachorro!
Me acordé de Jaume Canivell, Saza en La escopeta nacional, colocando sus novedosos porteros electrónicos al ministro del ramo, durante la cacería pagada por él mismo en Los Tejadillos, propiedad de los marqueses de Leguineche, si bien, de cara a la galería es el marqués quien paga e invita a la cacería. Por aquí, este país siempre ‘bisneando’, como en el patio de Monipodio. A fin de cuentas, los españoles, hemos aportado al mundo dos géneros literarios de linda cuña: la picaresca y el esperpento. Será por algo.
Yo, por no pedir, no pido ni explicaciones.