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Inhumano y quizás hasta ilegal – Por Norberto Chijeb

   

Los plenos de Candelaria van camino de entrar en el libro Guinness de los récords. El último ya superó las diez horas y no hay manera de que se recorten los tiempos y se desarrolle una sesión con un horario aceptable para las neuronas y el físico de nuestros representantes políticos.

No es de recibo, como suele suceder habitualmente, que cuando se tratan los asuntos más trascendentales el cansancio y el hastío se apodere de los presentes y termine por confundir hasta al propio alcalde, que para esas horas ya no sabe a quien tiene que darle la palabra.

Los plenos de Candelaria son exagerados e inhumanos y posiblemente, atendiendo siempre a la exquisita ortodoxia del secretario municipal, ilegales, porque que se sepa, aunque aquí hay mucha literatura, y los periodistas lo sabemos muy bien, trabajar más de ocho seguidas lo es.

Y resulta paradójico porque Candelaria es uno de los pocos consistorios donde está cronometrado el tiempo de las intervenciones, o quizás sea por eso, lo cierto es que no hay manera que un Pleno se desarrolle en unos horarios de normalidad, porque algunas mociones o comparecencias, como la última de la gerente de la Fundación Candelaria Solidaria, sobrepasan las dos horas. Nada que ver, por ejemplo, con plenos como los del Cabildo, Güímar, Granadilla o El Rosario, en donde, pese a llevar tantos o más puntos en el orden del día, estos apenas sobrepasan las dos o tres horas, por norma habitual.

Uno no entiende, por ejemplo, que el secretario tenga que dar lectura al texto completo de las mociones, cuando éstas ya se debatieron con anterioridad en la comisión informativa del lunes anterior al Pleno o que esas mismas mociones sean releeídas por quien las presenta. Una manera de engordar el lechón que termina por sumar minutos y más minutos hasta el agotamiento. Una prueba de que los plenos tendrán que seguir siendo por la mañana, porque en caso de volver a hacerlo por las tardes, como no hace mucho, todos terminarían siendo interrumpidos, por Ley, a las cero horas.