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Jordi Pujol – Por Luis Ortega

   

Lo peor de la confesión del ex honorable es el torpe afán de la gente pequeña -no hablo de tallas físicas- de tratar como tontos al resto de los mortales. Resulta que el delito negado airadamente por el clan era cierto y los Pujol esconden en zulos fiscales no se sabe cuántos millones. En este drama bufo no hay arrepentimiento ni restitución sino, llanamente, un cálculo de daños. Asumidas las culpas, el patriarca no entrará en prisión con sus ochenta y cuatro años, no implicará a sus hijos y salvará la tajada mayor de “la herencia de su padre” (Florenci Pujol i Brugat), “origen del capital evadido”, según el adalid secesionista del “pequeño país del norte”. Suenan a coña su brindis veraniego, las renuncias a injustos honores y rentas y la decisión de comparecer ante instancias judiciales y tributarias porque, durante treinta y cuatro años “no halló momento” para cumplir esos deberes. Pujol i Soley (1930) siempre salió indemne de los escándalos económicos que salpicaron su persona o gestión, desde la quiebra de Banca Catalana -fundada por su familia y Francesc Cabana i Vancells en 1961 y absorbida en 1984 por un consorcio- a las mordidas del cuatro por ciento de todas las obras y servicios adjudicadas por la Generalitat durante sus veintitrés años de mandato, según se publicó en 2012. (Siete años antes, su sucesor Joan Maragall habló de las comisiones del tres por ciento, un punto menos).

Se acabó el cuento de tapar la avaricia y la bolsa propia con la cuatribarrada a la que, con alevosa continuidad, causó un daño irreparable. Forzado por hechos que, lógicamente, conocía, Artur Mas, redujo la aparatosa afrenta e insulto a los catalanes sensatos y decentes, y al conjunto de los españoles, a una mera “cuestión personal y familiar”. Otra coña de alivio. Esperamos por la salud digestiva y democrática de la ciudadanía que, en su conjunto, pagó el agujero de los negocios y la multiplicación del patrimonio pujolesco, no salga de nuevo a la palestra monseñor Martínez i Sistach, cardenal que se resiste a la jubilación, crítico activo de los fichajes futbolísticos en la perversa Madrid, y conforme, feliz y callado con las adquisiciones, actualizaciones, multiplicaciones y evasiones fiscales que tocan a sus paisanos de nuevo cuño -por ejemplo, Messi y Neymar, con padres añadidos- y de mucho rango, seny y pelas como los Pujol o Rosell. Pero no nos extrañaría que, conocida la trayectoria de don Lluis, publicara una bula específica para los hechos diferenciales de Cataluña y culpara al centralismo y sus malvados agentes de las codicias que traga, entiende, perdona y silencia con tanta caridad e indulgencia.