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Libertad de empresas – Por Hugo Luengo

   

La libertad de empresa se conforma con el Tratado de Lisboa de 2006, auténtica Constitución Europea, como el objetivo clave para que Europa se acerque a la globalización. No es fácil que los hábitos europeos, heredados de la socialdemocracia y las perversiones de ésta a través de limitar la libre empresa, con sus altos impuestos y subvenciones, puedan reconvertirse a corto plazo, máximo cuando buena parte de muchos negocios dependen de mantener el status quo, adaptarse con ello a competir. Los tratados de libre comercio, base del desarrollo económico global, y el imparable uso de Internet, están cambiando y mejorando el comercio global. Oponerse a ello, es algo tan ingenuo como no querer la luz o el teléfono y, lo que es peor, pretender limitar el uso a terceros. O simplemente me opongo a esta realidad, sosteniendo que los demás no ofrecen calidad, no pagan sus impuestos o crean menos empleo que yo. Es una actitud llamada al fracaso.
Recientemente la comisaria europea responsable de la agenda digital, Noelie Kroes, llamó la atención a España por la pretensión de forzar la regulación del vehículo compartido. La libertad de empresa, soportada en el “negocio digital”, es hoy el primer vector de desarrollo económico del mundo de nuestro entorno, y por ello del que viene. No deja por ello de sorprenderme, a la luz de esta referencia, la respuesta que en Canarias venimos dando a alguno de estos temas.

Como primer ejemplo, la Ley de Renovación Turística de Canarias del 2013, llevada al Tribunal Constitucional, que seguramente la desmonte y que, en esencia, paraliza los futuros desarrollos apoyados sólo en la Renovación de la planta obsoleta y las 5 estrellas, todo ello adobado con buenas dosis de complejidad e inseguridad jurídica. Gran Canaria solicita, por qué no, poder hacer hoteles de 4 estrellas. Mientras tanto, buena parte de la oferta hotelera se degrada con la opción del todo incluido, “los hoteles de la pulserita”, que desertizan el tejido comercial, de ocio y restauración en el destino. Análoga lectura pudieran pretender darle a la propuesta de nueva Ley de Viviendas Vacacionales. Se piensa en este país que un fenómeno, por no estar específicamente regulado, es ilegal. Falso. Es la legislación, ya sea turística y/o de arrendamientos urbanos, quien tiene que darle solución. Este fenómeno, como el que hemos visto de “vehículo compartido”, responde a nuevos formatos de negocio, que son absolutamente legales, que paga sus impuestos y si falta regulación, que se ejerza. Todos estos negocios soportados en Internet abrirán nuevas vías de negocio, democratizan la economía, amplían las bases de cotización y de impuestos, añaden valor. En destinos vacacionales maduros, el cliente de este segmento turístico tiene un gasto por encima de la media, incluida la hotelera, y diseña su propio “formato de viaje”, incluso el traslado y la visita. Gasta en restauración, ocio y comercio más que ninguno, y por supuesto más que los “hoteles del todo incluido”. Su efecto sobre la economía social y el destino es superior. El mismo comportamiento alejado de la realidad lo tiene el Gobierno canario, con su propuesta de Ley de Simplificación y Armonización Administrativa, que para lo que aquí interesa, cae en los mismos errores de impedir el ejercicio de libertad de empresa al aumentar la inseguridad jurídica. No se explica objetivamente si este factor no tuviera relación con las “redes clientelares” y el propio apoyo de grupos empresariales, más cercanos en su acción a los viejos “sindicatos verticales” que a los activos gestores de un mundo, en cambio, lleno de oportunidades y que exige competir. La opción es la libertad equilibrada con los límites necesarios para que todos puedan competir en igualdad de oportunidades. Adaptarnos a la economía global y al negocio en Internet, con unas reglas sencillas y para todos. Reducir al mínimo los costes públicos parásitos; así podemos ampliar el negocio por el emprendedor, y habiendo más a pagar, tocaría a menos. Defendemos todos los formatos de empresa, anteponemos la libertad a su necesaria regulación.