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Magnolia – Por Andrés Brito

   

Cuando no tengas nada mejor que hacer este verano y desees ver una obra maestra del cine te recomiendo Magnolia, de Paul Thomas Anderson (1999), pero te invito a que la veas desde un punto de vista coaching: no creo que la película gire en torno a los remordimientos, como he leído por ahí, sino que más bien pienso que plantea el tipo de conflictos que surgen en las personas cuando, a pesar de haber conseguido lo que aparentemente deseaban, se sienten tan extraordinariamente vulnerables ante las circunstancias que escapan a su control que ansían con todas sus fuerzas ser otra cosa o llevar vidas completamente distintas.

Entre la caterva de personajes que te presenta el guión descubrirás a alguno que se parezca a ti. Esto te ayudará a comprobar que, como espectador, eres un personaje más de la película, puesto que si esos seres de ficción están interrelacionados entre sí de igual modo tú también mantienes un vínculo al rompecabezas por tu identificación con una de las piezas.
Dice Rafael Echeverría en su obra Ontología del lenguaje que somos seres lingüísticos y que construimos la realidad según nuestras declaraciones. He contado en la película más de un centenar de actos lingüísticos esenciales para la trama: preguntas de desafío, diálogos internos, declaraciones de amor, acuerdos y pactos… En el fondo, todo en Magnolia gira en torno al lenguaje y al uso que le dan sus personajes para construir o para destruir. Te invito a que reflexiones al terminar de verla sobre cómo utilizas tú semejante poder.

Por último, no te dejes impresionar por su duración (más de tres horas) puesto que si te engancha llega un momento en que no deseas que termine. ¡Que la disfrutes!