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La obligación de mirar – Por Saray Encinoso

   

Ocurrió en algún momento de 2011.Todavía el calendario no había llegado a junio. Un grupo de personas protestaba cerca del Museo del Prado, en Madrid. En sus pancartas se leían mensajes en un idioma ajeno para la mayoría. Madrileños, ciudadanos de acogida y turistas miraban con curiosidad, pero sin entender qué ocurría, quiénes eran y por qué gritaban. La guerra civil siria acababa de empezar, pero aún no marcaba la actualidad. Varias decenas de ciudadanos sirios afincados en la capital española se manifestaban frente a la embajada de su país. Pedían que cesara la violencia, que el régimen de Bashar al Assad no atentara más contra la población civil, que dejaran a sus familias y amigos vivir en paz.

Desde entonces han pasado más de tres años. Las estadísticas cuentan que 174 personas mueren cada día y que ya han perdido la vida más de 191.000 sirios (más de 9.000 eran niños). La cifra de desplazados es brutal. Durante más de 36 meses los medios han publicado -más o menos, mejor o peor- cómo ha transcurrido parte del conflicto. Nos han contado que se trata de la versión más violenta de la primavera árabe y que es un problema interno en un país que intenta caminar hacia la democracia. También que los gobiernos occidentales no se han puesto de acuerdo en qué bando apoyar y mientras algunos se alinearon con los rebeldes y los armaron, otros se percataron, quizás antes de que ocurriera, de que los yihadistas estaban colándose en las filas de esos libertadores. El sistema de veto de Naciones Unidas volvió a demostrar no solo su inoperatividad, sino algo que es mucho peor: su capacidad para permitir injusticias y genocidios mientras prevalece el criterio de la unanimidad. El principio de la responsabilidad de proteger, utilizado por primera vez en Libia, no volvió a invocarse por el previsible bloqueo de China y Rusia.

De las protestas pacíficas que fueron reprimidas violentamente por el séquito de Assad no queda nada, solo el recuerdo. Ahora los corresponsales nos advierten del enorme peligro que supone el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés), un ejército terrorista que empezó sembrando el terror en Irak, pero que ya se extiende hasta la vecina Siria y tambalea más su futuro, que está mejor financiado que cualquier otro grupo similar -según Estados Unidos- y que ha eclipsado totalmente el protagonismo de los primeros rebeldes sirios, aquellos que simplemente creían que había llegado el momento de la libertad para su país.

Todos los muertos son iguales y todos las guerras son una tragedia. No deberíamos olvidarlo ni tolerar que la jerarquización informativa de los grandes medios nos tape la realidad y no veamos lo que ocurre. Lamento cada día las víctimas de Gaza, pero no puedo olvidar lo que está ocurriendo en Siria, en Sudán del Sur o en Nigeria. Tenemos que obligarnos a mirar.

@sarayencinoso