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Periodistas y lo otro – Por Claudio Andrada Félix

   

Está mal que yo lo diga, pero salvo en contadísimas ocasiones, los periodistas no dejamos de ser meras correas de transmisión de los intereses económicos que globalmente dominan el mundo y, por ende, a la ciudadanía. Encontramos una información, la investigamos, nos dotamos incluso de la documentación necesaria y pedimos la opinión a la otra parte (lo que se llama contrastar), pero en un porcentaje elevado de casos, si lo que se está convirtiendo en noticia fruto del trabajo profesional molesta a alguno o algunos de los poderosos (léase anunciantes), el lugar que le corresponde se limitará a la mínima expresión –sea en prensa, radio o televisión- o simplemente desaparecerá de la parrilla, de los sonidos o de las páginas de los periódicos. Por ello, muchas veces es más noticia lo que se deja de publicar que lo que se publica. ¿Esto quiere decir que los periodistas no hacen bien su trabajo? No. Rotundamente, no.

Salvo los correveidiles, trepadores o los que padecen la enfermedad aquella de la importancia que decía Jorge Valdano. Sí, hombre, los que se creen más importantes que cualquier trabajador de otro sector simplemente por entrevistar o relacionarse con gente “relevante”, fruto, claro está, de los cometidos de esta profesión. Los dos primeros grupos (insisto en que suelen ser uno o dos a lo sumo por redacción, pero que hacen un daño terrible al resto) resultan previsibles y hasta patéticos; pero los del tercer nivel, los “estupendos”, combinan las características de los dos primeros a la perfección. Son tontos de remate. Es como si el bar de la esquina pensara que es divino de la muerte simplemente porque compra y vende Coca-Cola, una de las multinacionales más importantes. Las carcajadas se oirían a lo lejos. Da cierta gracia verlos cómo se apresuran cuando llega el político de turno, se sitúan en la trayectoria visual del mismo y cuando ya está a su altura se hace el sorprendido y lo saluda con cierto desdén llamándolo por su nombre de pila o incluso por su diminutivo. Que más parece un compadreo que una relación profesional: aquello de allá tú y aquí yo, que no es bueno ni higiénico que se mezclen el que gestiona con quien lo cuenta, se supone que con imparcialidad. Pero lo cierto y penoso es que los periodistas tenemos poco o casi nada que hacer. Son las empresas editoras las que con sus más y sus menos deben respaldar la labor de sus profesionales. Si no, las cosas comienzan a cambiar de nombre y se nos pasean por delante finiquitos “en diferido”; en vez de bajada, “crecimiento negativo”; en lugar de pérdida de derechos, “moderación por la crisis”, y un largo etcétera en este nuevo lenguaje ideado precisamente para estafar a la ciudadanía. Y, en definitiva, hay que tener claro que lo que circula por la senda de la verdad tarde o temprano encuentra camino. Y será aquel que la defiende el que recoja el reconocimiento más alto para un medio de comunicación: la confianza y el espíritu crítico de su audiencia.
claudioandrada1959@gmail.com