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Robin Williams – Por Luis Ortega

   

Sus adicciones al alcohol y a las drogas y las crisis de salud y ánimo consiguientes sirvieron para que, una vez superadas y en actos de aplaudida sinceridad, advirtiera a la sociedad de sus riesgos y para volcarse con fe en una vocación por la que renunció a las comodidades que le ofrecía su adinerada familia. Robin Williams (1951-2014) fue, según sus numerosos amigos -desde Obama a Leslie Nielsen- una persona extraordinaria, cuya apariencia común y riqueza gestual quedaron para siempre en la retina de los espectadores que, durante tres décadas, valoraron sus dotes para comunicar sentimientos, divertir y conmover a la vez, tras descubrirlo como actor insigne en El club de los poetas muertos, dirigida por Peter Weir en 1989, que supuso su nominación por la Academia de Hollywood. A partir de este aldabonazo al carpe diem, un clásico para los jóvenes a caballo entre los dos últimos siglos, se conoció el conjunto de su trabajo, iniciado con monólogos en locales nocturnos y series televisivas, con su debut en Popeye y su brillante Buenos días, Vietnam. Abrió los noventa con Despertares, junto a Robert de Niro, en una de sus acciones de mayor presión dramática, y se alzó entre los nombres más reputados por la crítica y queridos por el público. En 1991, Spilberg le dirigió en Hook, un éxito taquillero, y Terry Williams en El rey pescador, por el que repitió candidatura a los Óscar. Entre sus filmes más celebrados aparece la insuperable Señora Doubtfire (1993, Chris Columbus) en una duplicidad hombre-mujer que pasó a la antología del género. Después de tres intentos, obtuvo la codiciada estatuilla como mejor secundario por El indomable Will Hunting (1997, Gus Van Sant). En cuanto a su calidad humana, su talante afable y su memorable versatilidad (obtuvo nada menos que cinco Globos de Oro) existe una hermosa coincidencia entre sus amigos (desde Obama a Leslie Nielsen), sus compañeros y los directores que firmaron sus títulos principales, entre ellos, Robert Altman, Barry Levinson, Francis Ford Coppola, Kenneth Branagh, Les Mayfield, Michael Gordon, Richard Rich, Ivan Reitman, Steven Soderberg, Christopher Notan, Keb Kwapis, Patch Adams y los mismos Woody Allen y Danny de Vito. Víctima de la depresión, invisible amenaza que acecha a los viandantes contemporáneos, agravada por un reciente diagnóstico del mal de Parkinson, el suicidio añade un tinte romántico a este creador que exaltó las empatías de los niños que, como Peter Pan, no quieren crecer, y de los jóvenes llamados al vitalismo y la rebeldía para disfrutar de las rosas antes de que pierdan el color, “¡oh, capitán, mi capitán!”.