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Solemne estupidez – Por Cristina Molina

   

Hoy se celebra la Asunción de María, se trata de una importante festividad, máxime para la Diócesis Nivariense que festeja a la patrona, Nuestra Señora de Candelaria. Por desgracia, la Iglesia tiene otro tipo de solemnidad que no es para festejar sino para reflexionar. Todo en este mundo ha evolucionado y progresado. La Iglesia tiene innumerables dones y virtudes, concretamente, en lo que se refiere a misión y opción preferente de Dios por los pobres. Sin embargo, en lo que se refiere a moral sexual, la Iglesia es la rezagada universal. Ver los “signos de los tiempos” lleva sobre la mesa desde el Concilio Vaticano II. Una línea de acción que nunca se ha llevado a cabo porque a los adeptos a las letras del Catecismo casualmente se les cansa la vista al llegar a estas ideas. Podrían hacer mayores esfuerzos para ponerse en el lugar del otro en la práctica pero es mucho más sencillo señalar y separar en base a teoría.

A la luz de las últimas noticias está que sobre el Obispado de Canarias no se ha derramado la suficiente gracia. Han decidido retirar la idoneidad como profesor de religión a una persona que lleva 15 años dando clase. El profesor podría haberlo ocultado pero en un acto de honestidad dio su testimonio y comunicó a la Iglesia su matrimonio con otro hombre. Esto es solo un ejemplo de todos los que se podrían poner. Quienes deberían ser los primeros en examinarse a sí mismos señalan y apartan a personas que muy probablemente hayan sido “fieles en lo pequeño”.

Al Obispado le sobran quienes le faltan a la Iglesia; personas comprometidas con una vivencia de la fe inmersa en la realidad de nuestra sociedad. El propio papa Francisco está haciendo esfuerzos por sacar de las vitrinas la fe de los cristianos que la protegen de la vida real. Si los curas, obispos y demás no dan señales de vida, de apertura y pluralidad en su toma de decisiones, será muy difícil que la Iglesia pueda afrontar los retos que se le presentan.

@cristination_