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Summer 100% – Por Ramiro Cuende Tascón

   

Era como antes los rusos santacruceros llamábamos a estas raras vacaciones, si quiera a diez minutos de casa “veranear”. El resto lo llamaba “vacaciones de verano”. Los primeros en una segunda casa, propia o alquilada, propio de aquella naciente clase directiva empresarial o familia numerosa adelgazada gracias al régimen, o profesional. La segunda tacada, en el bloque, en la playa a ratos o en casa de abuela en el pueblo.

Te echo a faltar, iba a ser era el título de este soliloquio. Han pasado sesenta y cinco días, tiempo más que suficiente para aceptar que hay personas inhumanas. Es más, les pase lo que les pase, y, por más que repitan una y otra vez sus resbalones y repongan sus atentas amistades, no ven que esto de vivir es de por si suficientemente complejo como para echarle gasolina al fuego. El único que no es responsable de nada eres tú, con el tiempo lo podrás ser, todavía no te toca.
Qué suerte he tenido de nacer, para entender que el honesto y el perverso son dueños por igual del universo aunque tengan distinto parecer. Ya pueden morir seres queridos, llorar la pena del adiós, perder o desperdiciar la sabiduría de experimentar, tirar por la borda cuantas oportunidades salen al paso. Da igual, las liendres mentales son tantas y tamañas que hasta se puede hacer uso de la infancia para lograr seguir sin tener nada de razón a cambio de lo que sea. Mientras esto sucede otros templan la gaita disculpando la sandez que nace en cunas sin capazo.

Al escribir, me he dado cuenta que por aquí no se dice lo de ir al pueblo a pasarlo. Lo del pueblo parece tener una carga despectiva. Ahora que lo pienso, aquí los pueblos se han esfumado, en península ibérica existen aunque solos y mayores. Por aquí se va; al sur, la playa y el pareo, o, al norte, los charcos y las cholas. Se pasa agosto en urbanizaciones de los setenta, caseríos de toda la vida, municipios llamados Güimar, o en marinos barrios como Jover. Por estas tierras, no se va a pasar agosto a, digamos; Cerezal de Peñahorcada con su cura Claudio en Campos del Yeltes. Decir, voy a pasarlo a Murillo el Cuende, suena extraño.
El tenderete de la PWA y sus velas de colores marcharon. La vida vuelve a la normalidad. Vengo de darme un baño de película, las olas entreveradas, alegres. Al volver recordé que los griegos ya aseguraban que solo los que disfrutaban del ocio eran personas libres. No era simbólico, realmente solo los que no eran esclavos podían aspirar a disfrutarlo ¿Otro baño? Disfrutelo.