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Teresitas – Por Leopoldo Fernández

   

Vivo en Santa Cruz de Tenerife desde hace 38 años y son incontables las veces que he oído hablar de la playa de Las Teresitas, sus necesidades, las iniciativas municipales para mejorar todo el entorno, los proyectos de futuro, etc., etc. Nada me es ajeno, me sé de pe a pa los avatares de la playa y sus terrenos aledaños, incluyendo los de carácter militar y el llamado escándalo de la compra-venta de los solares de primera línea de playa y de la zona trasera de la montaña. Durante los 31 largos años que dirigí este periódico pude constatar el nacimiento de ilusiones y esperanzas en forma de proyectos, pero también la llegada de sentencias demoledoras, fracasos colectivos, fraudes ruidosos, decepciones y lamentos. Estoy, en fin, curado de espanto y mi escepticismo es consecuencia de tantos avatares, incluyendo la judialización del caso -que condiciona las finanzas municipales y el futuro mismo de la playa-, y la ignorancia del concurso público internacional justamente ganado por el arquitecto Perrault, que debió ser el punto de partida de una nueva línea de actuación del ayuntamiento. Ahora, el equipo de gobierno municipal, en vez de proceder responsablemente y adoptar sus decisiones con coraje y determinación, acuerda cargar sobre las espaldas de los vecinos el futuro de Las Teresitas. A tal fin -a través de talleres, encuestas, consultas, una página web para recogida de opiniones más la realización de diferentes actividades- solicita ideas, sugerencias, propuestas, todo tipo de iniciativas para redactar un Plan Especial que recoja lo mejor de tales aportaciones. ¿Y qué desean los vecinos? Para empezar, supongo que solicitarán que el tranvía llegue hasta San Andrés; más plazas de aparcamiento, restaurantes y tiendas varias, así como mejorar los servicios públicos, desde duchas a vigilancia, pasando por atención sanitaria permanente, construcción de un auténtico paseo litoral, nuevas zonas verdes, de recreo, ocio y juegos para niños, asegurar la limpieza sistemática de la arena de la playa, instalar nuevos accesos para discapacitados, mejorar las infraestructuras del lugar… Sospecho que la corporación municipal no quiere cargar con la responsabilidad de mantener en pie el llamado mamotreto -una obra que es preciso concluir conforme al proyecto inicial, dada su necesidad y utilidad-, ni de atender de una vez las necesidades más elementales de la playa, de acuerdo con los usuarios y los vecinos de San Andrés, lo cual nada tiene que ver con los pleitos pendientes en los tribunales. La playa que queremos, como reza el eslogan, bien saben los concejales cuál es y a qué mínimos debe atenerse. Decidan ya, que para eso han sido elegidos; no hace falta que hablen de nuevo los ciudadanos.