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No va a escampar – Por Luis del Val

   

Cualquier político, tras el primer shock, piensa que el tiempo debilitará la memoria de los electores y volverá a salir el sol de las urnas complacientes. “Ya escampará”, decía Felipe González, tras las primeras noticias de los Gal y Filesa. Pero llegó un momento en que la sociedad, dispuesta a mirar hacia otro lado por los execrables crímenes de la trama Gal, no tuvo estómago para resistir el reparto del botín en en el Ministerio de Interior, donde hasta el director general de la Guardia Civil robaba a los huérfanos del Cuerpo. La sociedad consiente un poquito de corrupción, y ya sabe que los partidos políticos necesitan dinero para las campañas electorales, pero no pueden disimular ante la nauseabunda trama del nacionalismo catalán, una cueva de Alí Babá, donde los ladrones puede que fueran cuarenta, pero los cómplices consentidores y palmeros se cuentan por miles. No se trata de que el aparente y honrado hombre de Estado haya sido sorprendido acosando a una empleada, sino el asombroso descubrimiento de que el pater familias, aglutinador de todas las virtudes patrias, era pederasta y, encima violaba a las niñas. Lo de Jordi Pujol, su familia privada y sus numerosos familiares nacionalistas públicos, entre los que destaca Artur Mas, no es una corrupción aislada, o un entramado para proveer de dinero a las necesidades de un partido político, sino una mafiosa organización que se ha dedicado a robar a los catalanes en beneficio propio, durante lustros y lustros, con un cinismo que sólo pueden ostentar los capos más famosos de las camorras y los cárteles de la droga. Se puede olvidar que la Esquerra Republicana diera dinero a los amiguetes para que estudiaran o dejaran de estudiar las características del burro catalán o de la gallina gerundense. Se podría ser condescendiente con las comisiones de las empresas si fueran a ir destinadas al funcionamiento de CiU, pero estamos ante unos delincuentes organizados que se han cargado a un partido político -Convergencia Democrática de Cataluña- y que han manchado el honor de cientos de miles de catalanes a los que han engañado con su miserable envilecimiento. No va a escampar. Escampó cuando Jordi Pujol nos robó a los españoles 300.000 millones de pesetas a través de Banca Catalana. Pero este último latrocinio, con premeditación, desprecio de nacionalidad, y tan prolongado en el tiempo, no escampará, porque los catalanes no son estúpidos.