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Abortado el aborto, ¿o no? – Por Cecilio Urgoiti

   

Realmente, ¿se ha retirado la Ley del Aborto o solo se ha retrasado un poco, de tal manera que lo que ha buscado es un impulso para emerger con más fuerza? Creíble es que se retire una ley por perjudicar ese interés electoral que fuentes del Partido Popular han ido filtrando desde poco antes de las vacaciones estivales. Por tanto, achacable puede ser a la merma de votos que pudiera traer consigo el llevarla adelante, pero estaréis conmigo, y constatable es, que el Tribunal Constitucional tras cuatro años de espera puede estar a punto de manifestar ese cepillado que Gallardón recibió como encargo del presidente del Gobierno, y no la Señora Mato, que a mi corto entender era su Ministerio el encargado de tal tarea. Máxime sabiendo que o por asuntos familiares embarazosos y poca visión en su garaje, o su imperfecta labor en el Ministerio y romper lo manifestado por su doble presidente, de partido y Gobierno. “No tocaré las pensiones ni a los pensionistas”. Ni los medicamentos, digo yo. Esta señora siempre estuvo amortizada y lista para ser alguien propio en cualquier crisis de gobierno. Pero no nos desviemos del hilo principal que es el hasta ahora ministro de Justicia Gallardón, del que su padre llego a decir “¿conservador yo? Debería conocer a mi hijo Alberto, ese sí que es de derechas”. Por consiguiente, Rajoy siempre supo a quién le encargaba la Ley del Aborto y el documento que resultaría de las manos que lo confeccionaría y, tal como llegó al Consejo de Ministro, fue aprobado, con gran satisfacción de la sociedad conservadora, el alto y bajo clero, así como un ardiente y caluroso aplauso en el Congreso de los Diputados por parte de las féminas peperas, con la exención de la señora Villalobos, que siempre se manifestó en contra abiertamente. Mi amigo Roberto Carugatti me suele comentar en broma, que yo soy desconfiado y siempre le replico con una señal negativa a su manifestación en esta materia. Yo lo que hago siempre es buscar el otro lado de las cosas o de las personas. Siempre que veo un protagonista busco el antagonista. Siempre que alguien hace algo me coloco en el lado opuesto y miro cuál sería la otra versión del caso a tratar. Este caso no lo trato diferente y sí he podido ver esa segunda versión o ese otro lado en el que en su día se pudo colocar Rajoy, pudiendo ver en Gallardón un contrincante en la carrera presidencial. Entonces, el presidente actúa y lleva al matadero a don Alberto, al tocarle ese ego conservador que fue la Ley del Aborto. Y Rajoy de esa forma salva su situación política al amparo del Tribunal Constitucional, que tantas tardes de gloria les ha proporcionado a los populares. Continuamos con esa espada de Damocles sobre las cabezas y el gallego sigue jugando a lo que es: nunca en la escalera sabremos si sube o si baja. Yo no lo prefiero ni arriba ni abajo, sino fuera.