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Aceptarse no es lo mismo que resignarse – Por Tamara de la Rosa

   

No hay que resignarse, simplemente aceptarse. Y es que tendemos a confundir los términos cuando se trata de dos actitudes muy diferentes. En muchas ocasiones, creemos estar aceptando una situación, cuando en realidad estamos resignándonos a la misma. ¿Cuál es la diferencia?

Aceptar: Asumes la realidad sin pretender cambiarla, sin sufrir por ella enfocando tu atención en la búsqueda de mejores opciones, nuevos caminos. Nos responsabilizamos de la realidad que vivimos y adoptamos una actitud constructiva. Una persona que acepta es una persona que aprende a vivir con sus errores, deja de pelearse con su pasado y enfoca su atención en encarar el futuro con una nueva perspectiva entendiendo que todo lo que le pasó le sirvió como inyección de aprendizaje.

La aceptación también es respeto, ya que, cuando acepto a una persona tal y como es, desaparece el deseo de cambiarla, la respeto y luego decido si me conviene o no.

Resignarse: Te incorporas en el mundo de los lamentos, lo perdido asumiendo el papel de víctima. La resignación nos hará sufrir, ya que esperamos que las cosas sean de otra manera y no como es en la actualidad. Fantaseamos con que las cosas cambian. Somos incapaces de ver otros caminos, otras salidas. Se trata de una actitud que se adopta ante la vida. Una postura para hacer frente a las adversidades. Psicológicamente hablando, podríamos clasificarla como una especie de resiliencia pasiva. Es una característica del que no está dispuesto a luchar, del que se da por vencido, del que acepta el destino sea cual sea y aunque le resulte perjudicial, dañino. El que se resigna renuncia y niega la posibilidad de alcanzar su objetivo. A veces, creemos aceptar una situación cuando conseguimos “sobrevivir” a ella, cuando la olvidamos…sin embargo, estamos resignados a ella siempre y cuando no nos movamos en la dirección que deseamos para nuestra vida. Creemos que esto es lo que nos ha tocado vivir y no buscamos mas alternativas, opciones. Simplemente nos resignamos.

Por el contrario, cuando aceptamos una situación, a pesar de que nos disgusta, seguimos buscando otro camino para nuestra felicidad. Centramos la atención en continuar. Dejamos fluir, aceptamos lo que viene y dejamos ir lo que se va, sin detener el rumbo. En los casos de duelo, la resignación nos impide superar ese proceso. Cuando fallece alguien cercano a nosotros, sufrimos, sentimos enfadado y muchas veces rechazo ante el mundo. Nos oponemos a creerlo, buscamos culpables. Pero esto es una etapa normal del duelo, es un proceso por el que se ha de pasar.

El problema viene cuando el proceso se convierte en eterno y vives anclado en el suceso sin buscar el continuar. Aceptar: dejar de sufrir, no sentir enfado, y poner acción y dirección de nuevo a tu vida, porque eres consciente de que tiene mucho más que ofrecerte.

En éste caso, la aceptación es la etapa final de un duelo sano. Necesitamos “pasar página y olvidar” lo sucedido, necesitamos seguir viviendo. Si aceptamos todo lo que nos ocurre, seremos dueños de nuestra vida, superando los obstáculos y encontrando la felicidad en el camino de lo aprendido. Si por el contrario, nos resignamos, nuestros compañeros de por vida serán, el dolor y el sufrimiento.

Recuerda que la realidad no se puede cambiar, pero lo que si podemos cambiar es lo que vamos a hacer nosotros con esa realidad.

*PSICÓLOGA
tamaraconsulta@gmail.com