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Los activistas de ANC vuelven a casa “contentos y muy cansados”

   
Carlos Hernández, Carmen Limiñana y Santiago Hernández, ayer a su llegada a Gran Canaria. / DA

Carlos Hernández, Carmen Limiñana y Santiago Hernández, ayer a su llegada a Gran Canaria. / DA

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

Contentos y cansados. Es el mensaje que atinaron a dar ayer los dos activistas de Asamblea Nacionalista Canaria que ‘ocuparon’ las Islas Salvajes para protestar contra los permisos que el Gobierno de España ha concedido a la multinacional para buscar petróleo cerca de nuestro Archipiélago.

Tanto Carlos Hernández como Santiago Hernández llegaron en la tarde de ayer a Gran Canaria desde Funchal (Madeira), a donde fueron trasladados por una patrullera de la Marina portuguesa que los desalojó de las Salvajes (unas islas deshabitadas a unos 165 kilómetros al Norte de Canarias) en la noche del pasado lunes.

En Gran Canaria los esperaba la tercera componente de la expedición, Carmen Limiñana, que no pudo quedarse con sus compañeros en estas islas (de extraordinario valor medioambiental al tratarse de un santuario ornitológico) al averiarse el sistema previsto para enviar las imágenes de la protesta, concretamente una foto en la que enarbolan una pancarta de rechazo a las prospecciones petrolíferas y a favor de la independencia de Canarias. Lo cierto es que esta protesta de ANC, que no pretendía ser más que un acto simbólico y reivindicativo, ha tenido una gran repercusión mediática, primero en Portugal y ya desde ayer en toda España. Lo cierto es que del eco obtenido en tierras lusas, alimentado por la falsa creencia inicial entre los portugueses de que se trataba de una agresión española sobre un territorio que históricamente ha generado tensión entre ambos países, ha sido de tal calibre que hasta el primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho, realizó unas declaraciones sobre el asunto orientadas a rebajar el creciente enfado entre la opinión pública de este país hermano. En el origen de esta historia se encuentra un ardid utilizado por los independentistas canarios, que contrataron un velero a motor para llevar a cabo su protesta asegurando que se trataba de una inexistente expedición científica por unos líquenes. Tras zarpar en la noche del pasado domingo (se tardan unas dieciséis horas si hay buen tiempo), cuando llegaron a las Salvajes desvelaron a los tripulantes del velero su verdadera intención, a la par que les facilitaban una declaración firmada en las que les descargaban de cualquier responsabilidad por este viaje, sobre todo con vistas al control que Capitanía Marítima ejerce legalmente del tráfico marino.

Avería y buen trato

Cuando el velero estaba de vuelta con Carmen Limiñana (que ha lamentado una y mil veces no haber estado junto a sus compañeros durante toda su odisea), el motor tuvo una avería que sólo se solventó cuando ya estaban en las cercanías de Tenerife, en cuya dársena pesquera pudo desembarcar la activista mientras el velero repostaba en un puesto de… Repsol.

En cuanto a lo sucedido con Santiago y Carlos durante el tiempo en que estuvieron retenidos por los marinos portugueses, ambos activistas han hecho llegar su agradecimiento por lo que entienden como buen trato por parte de los mismos en todo momento, atendiendo sus necesidades básicas en todo momento y evitando que algún exaltado pudiera importunarlos. Eso sí, tras alguna duda sobre si su acción podía relacionarse con un ataque a la soberanía de Portugal, finalmente sólo se les achaca una infracción por haber entrado en una reserva natural sin la preceptiva autorización.