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¡Desacato civil! – Por Juan Henríquez

   

Para que un demócrata de convicción, ciudadano universal, librepensador y socialista, se sienta totalmente desprotegido por la libertad y la democracia, tienen que estar ocurriendo cosas muy graves. Por lo tanto, debemos hacer algo, y pronto, que frene la podredumbre política y la corrupción que se ha instalado en el sistema. Conste que un servidor siempre defenderá la libertad y la democracia, derechos ambos consustanciales a la condición humana. Soy un ciudadano arrinconado y vigilado, engañado y manipulado. De poco sirve el sistema si bajo su manto se extiende una descomposición política que se expande a todo el ámbito institucional, y cuyos máximos representantes, curiosamente, son los que hoy nos proponen hablar y legislar sobre la regeneración democrática. ¿Pero nos toman por tontos éstos gilipollas? De un estudio a punto de publicarse en el que aparece la verdadera magnitud de la corrupción política, aparecen nombres y estadísticas escalofriantes. Políticos/as a los que no se les conoce otra profesión ni trabajo; políticos/as que abandonaron su profesión y no han vuelto a ejercerla; políticos/as que han heredado un cargo por influencia de sus padres, también políticos/as, y que se autoproclaman republicanos/as; políticos/as introducidas en las listas electorales bajo la sospecha de estar metidos/as en trapicheos corruptos; políticos/as enchufados/as al amparo del chantaje emocional sobre la base de conocer vicios y actitudes inconfesables de sus progenitores. De verdad que siento mucho escribir para lectores/as con un alto nivel intelectual. Intento transmitir de manera pacífica y nítida, la necesidad de que, colectivamente, rompamos las marras que nos impiden cambiar los vicios antidemocráticos que los sujetos del poder y sus cómplices ejercen inmunemente. No hay otra forma de ganar esta lucha civil  que tomando las calles de nuestros pueblos y ciudades. No queda otra que limpiar la democracia con: ¡desacato civil!