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En manos de las viudas – Por Francisco Pomares

   

En política sucede como en el resto de los asuntos, que lo que suele pasar es lo que es lógico que ocurra. Por supuesto que hay también espacio para lo absurdo e irracional, y para las propuestas e interpretaciones conspiranoicas, pero casi siempre –sobre todo cuando se trata de cosas importantes- los acontecimientos responden a un patrón lógico. Llevamos ya algunos meses presenciando desde el tendido el pulso entre Fernando Clavijo y Paulino Rivero por la candidatura coalicionera, y a estas alturas de la pelea, parece claro que Clavijo cuenta con más apoyos que Rivero, y que probablemente obtendrá la nominación. Las complejidades del sistema de elección, que requiere de mayorías cualificadas, y la evidencia de la capacidad más que demostrada de Rivero para el regate y la resistencia, han hecho creer a algunos que el actual presidente guarda conejos en la chistera y ases en la manga, y que controla secretamente a parte de los miembros el Consejo Político que avalaron formalmente la candidatura de Clavijo. Podría incluso ocurrir eso en algún caso, pero no de forma generalizada: la gente no suele prestarse a tales componendas, y cuando alguien firma un papel casi siempre sabe lo que implica hacerlo. Lo razonable es pensar que Rivero cuenta hoy con los votos seguros de sus 24 avalistas y Clavijo con los de los 35 que le han respaldado. Quedan 32 miembros del Consejo Político que aún no se han pronunciado, entre ellos la mayor parte de los palmeros, los herreños y los venezolanos. De esos 32, Rivero necesitaría 31 para que su candidatura prospere. Parece difícil que tal apoyo vaya a producirse, sobre todo estando los palmeros por medio. Y sería absurdo que si eso no ocurre, alguien con la trayectoria y las tablas políticas de Rivero bloquee sine die la elección del candidato que cuente con más respaldo. Podría incluso hacerlo durante una o dos votaciones, pero incluso en el hipotético caso de que Rivero quisiera tirar por la borda su propia trayectoria personal como presidente de los nacionalistas, no creo que todos los que le respaldan estuvieran dispuestos a acompañarle al sacrificio y la tumba, como sufridas viudas hindúes. Cuando se hagan las primeras cuentas y quede claro quien tiene más posibilidades de ganar, los dudosos inclinarán la balanza y arrastrarán al resto. Los partidos clásicos son -fundamentalmente- comunidades de intereses cuyo objetivo principal es lograr el poder y mantener en él a sus líderes y capataces. Coalición Canaria es -en ese sentido- un clásico absoluto, en el que hoy hay dos líderes peleándose por ganar, y también un enorme montón de capataces preocupados por seguir, gane quien gane.