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Ganan las mujeres, gana la sociedad – Por Aurelio Abreu Expósito

   

La salida de Alberto Ruiz Gallardón del Ministerio de Justicia ha sido una de las noticias que más jolgorio ha provocado en no pocos corazones esta semana. Su propuesta de reforma de la ley del aborto (una promesa electoral hecha con el único afán de contentar a la derecha más ultra) acabó generando una división peligrosa dentro del PP y empezaba a tener un coste electoral que a Rajoy le parece gratuito. Así que Gallardón optó por marcharse, y se lo agradecemos.

La presión de las mujeres, de las organizaciones feministas y de todos los que creemos en la Igualdad como valor fundamental de la democracia terminó por ser excesiva para el ministro. Así que las mujeres pueden celebrarlo como una victoria, porque el derecho que adquirieron al gobierno de sus propios cuerpos y a la decisión libre sobre su maternidad mediante la ley de plazos no va a ser revocado (no obstante, sigamos atentos, porque hay un recurso al Constitucional pendiente y el Gobierno parece determinado a no dejar que las jóvenes de 16 y 17 años decidan por sí mismas).

Pero sería injusto recordar a Gallardón como el ministro de Justicia que dedicó todo su empeño a regular cuestiones de Sanidad (ante el pasmoso silencio, todo hay que decirlo, de la ministra responsable del ramo), porque su legado ministerial es nefasto en muchos más aspectos, de los cuales el más aberrante ha sido sin duda la subida de las tasas judiciales.

Estas tasas fueron suprimidas durante los Gobiernos de Felipe González y reintroducidas por los de José María Aznar; en este mandato, y ha sido Rajoy quien las ha encarecido para entorpecer el acceso a la Justicia. Se podría pensar que esta subida es una maniobra para descongestionar los juzgados, aliviando su carga de trabajo mediante la disuasión económica, sobre todo a partir de la segunda instancia (“no pleitee, humilde ciudadano, que eso sale caro”). Pero esta lectura es excesivamente simple. Fijar tasas desproporcionadas lanza a los ciudadanos el mensaje de que la Justicia es un producto de lujo, al que no puede, ni debe, acceder cualquiera. Impone una ideología sobre el ejercicio de un derecho, el de la tutela judicial efectiva, reconocido como fundamental por la Constitución.

No pocos profesionales relacionados con el mundo de la judicatura han acogido con alivio la marcha de Alberto Ruiz Gallardón, desde jueces hasta fiscales, procuradores y abogados. Su paso por el Ministerio será recordado más por los destrozos que generó que por los problemas que ayudó a resolver. El colapso no se resuelve, las nuevas tecnologías siguen sin implantarse plenamente y la carencia de personal (y consiguiente saturación) no parece merecer la atención del Gobierno.

Esta batalla la han ganado las mujeres, pero en realidad la hemos ganado todos como sociedad. Seguiremos desde el PSOE plantando cara para la rebaja de las tasas judiciales, para devolver la Justicia a su lugar, el de un derecho consagrado por la Constitución que no atiende a capacidades económicas. Adiós, Gallardón. No se te echará de menos.

*VICEPRESIDENTE Y CONSEJERO DEBIENESTAR, SANIDAD Y DEPENDENCIA DEL CABILDO DE TENERIFE
@aurelioabreutf