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Inicio del cole – Por José Juan Rivero

   

Esta semana ha circulado por la red el genial discurso de Pepe Mujica, presidente de Uruguay, en la Conferencia de la ONU, sobre desarrollo sostenible. En él reflexionaba sobre los grandes objetivos vitales, marcando pautas orientadas hacia el desarrollo sostenible en un sistema que genera ingentes cantidades de personas en situación de vulnerabilidad social, y a cada vez más personas en una situación de pobreza severa. Es cierto, como reflexiona el presidente de Uruguay, que ya no sabemos quién es el culpable de todo esto, pero si es paradójico que nos hayamos metido en una tendencia de potenciar un mundo globalizado, que ya ni siquiera sabemos si controlamos o gobernamos, pero eso nos ha pasado incluso con esta crisis, al situar a las personas por debajo de la economía, a los lugares y comunidades por debajo de las restricciones presupuestarias y los planes de estabilidad. Sin darnos cuenta, nuestro sistema nos ha acostumbrado a olvidarnos de lo crucial, de lo importante, de nuestro objetivo vital por excelencia: Venimos a esta vida a ser felices o mínimamente a intentarlo, sin embargo el sistema nos prepara para responder a una demanda social y económica, nos vende un sistema de éxitos erróneo, que comienza desde la más tierna infancia.

El próximo lunes, comienzan las clases de nuestros peques, en un sistema educativo bajo una nueva ley de enseñanza, otra más, la LOMCE. Desconozco que vocación escondida hay en cada gobierno para publicar leyes educativas cada vez que llegan al poder, sin que nadie haya potenciado la creación de un gran pacto por la enseñanza en nuestro país. Parece que los resultados de los diferentes informes PISA han asustado a nuestros últimos gobiernos. Aunque ninguno de ellos apunta sus esfuerzos a potenciar sistemas educativos modernos, bajo un objetivo fundamental, “que las personas aprendan a ser felices”. Lo importante aquí es que los padres nos contentemos con que nuestros hijos sumen mejor o aprendan información, que según muchos estudios pasamos a olvidar inmediatamente después de examinarnos, y que la mayoría está en inmensas bases de datos ya construidas. Sin embargo, nuestros hijos no aprenden a mantener la calma, a vivir cada momento como único, a afrontar las crisis, a potenciar la adquisición de fortalezas humanas que nos ayuden a crecer como personas. Tampoco se potencia el pensamiento positivo como herramienta fundamental, ni se asume seriamente un aprendizaje basado en nuestras emociones. Y al mismo tiempo nos olvidamos de esas organizaciones y comunidades que son nuestros entornos educativos y que deben de ser saludables y felices. ¿Qué esperamos?

*PSICÓLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA POSITIVA