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Isidoro Bruna: “No todo lo que es técnicamente posible es moralmente aceptable”

   
El doctor Isidoro Bruna, antes de su participación en el Congreso de Ginecología la semana pasada. / DA

El doctor Isidoro Bruna, antes de su participación en el Congreso de Ginecología la semana pasada. / DA

JOSÉ LUIS CÁMARA | Santa Cruz de Tenerife

La crisis, además de afectar a las macrocifras y los indicadores económicos del país, está teniendo graves repercusiones en muchos ámbitos sociales. Uno de ellos es el de la maternidad, porque cada vez son más las mujeres que postergan su deseo de concebir un hijo por motivos laborales o profesionales. Paralelamente a esa dilación de la edad de la primera concepción, han aumentado las clínicas y tratamientos de reproducción asistida, cuyas técnicas están orientadas a hacer posible el sueño de muchas parejas de ser padres. Este fue precisamente el argumento sobre el que giró la conferencia pronunciada la pasada semana en Tenerife por el doctor Isidoro Bruna, ginecólogo jefe de la Unidad de Medicina de la Reproducción del Hospital Montepríncipe de Madrid.

En el marco del XXIII Congreso de la Sociedad Canaria de Obstetricia y Ginecología, el doctor Bruna disertó sobre el diagnóstico genético preimplantatorio, una avanzada técnica que permite analizar las células de los embriones de las primeras etapas del desarrollo, con el fin de poder identificar cualquier mutación genética que suponga el desarrollo una enfermedad. “Gracias a esta técnica han nacido ya miles de niños libres de enfermedades asociadas a mutaciones en los padres”, subrayó el especialista, quien aseguró que “lo que se intenta ahora es ir más allá, y diagnosticar embriones que sean cromosómicamente anormales y que pudieran estar relacionados con los abortos de repetición, con las cromosomopatías asociadas a las edades más avanzadas de la mujer, con fallos en la implantación de la fecundación in vitro,…”.

En este sentido, el doctor Isidoro Bruna, uno de los especialistas en reproducción asistida más destacados del país, confirmó que actualmente existe una nueva alternativa dentro de ese screening genético preimplantatorio, “que es lo que se denomina hibridación genómica comparativa, que se realiza mediante biopsias de los embriones para extraerles células en los primeros días de desarrollo, unas pruebas gracias a las cuales estamos siendo capaces de estudiar toda la dotación cromosómica del embrión, para poder transferir embriones que ahora sí sabemos que son sanos”. Así, “en un futuro muy inmediato se logrará que, independientemente de la edad de la mujer, podremos implantar embriones con capacidad para desarrollarse”. En esta misma línea, el investigador catalán reiteró que “hoy en día disponemos de una serie de test genéticos, que simplemente mediante una extracción sanguínea o a través de la saliva pueden determinar si una persona es portadora de mutaciones genéticas que puedan predisponer el desarrollo de una enfermedad en la vida adulta”.

Un ejemplo de esto fue el caso de la actriz Angelina Jolie, que sabía que era portadora de un cáncer de mama, porque su madre había fallecido de esa misma afección. Para proteger a su descendencia, se le realizó una mastectomía bilateral profiláctica, “porque sabía que el riesgo que tenía de desarrollar un cáncer de mama, siendo portadora de esos genes, era muy elevado”. Su experiencia sirvió para dejar claro que “ya es posible diagnosticar en los embriones de una pareja que son portadores de enfermedades, para transferir solo aquellos que estén libres de estas mutaciones”.

Todos estos avances científicos están condicionando también a las propias unidades de reproducción, que en la actualidad tratan a mujeres cuya media de edad está en torno a los 37 años. “Muchas de ellas piensan que la fecundación in vitro lo va a solucionar todo, cuando en realidad lo único que puede hacer es optimizar lo que la madre naturaleza consigue en cuanto a eficacia reproductiva según la edad”. “Cuando no se puede con los propios gametos de la mujer, porque tiene un fallo ovárico relacionado con su edad, se acude a la donación de ovocitos y se realizan más ciclos de ovodonación, especialmente en mujeres de más de 42 años”, arguyó el ginecólogo catalán, que reconoció que “el retraso de la edad de la maternidad ayuda a explicar que 800.000 parejas tengan hoy problemas de fertilidad en España”.

Hablar de reproducción asistida es hacerlo de lo que se ha dado en llamar niños a la carta. Para el doctor Bruna, algo así todavía no es posible científicamente, a pesar de que la ingeniería genética ha avanzado muchísimo. “Pero sí tenemos una pequeñísima proporción de niños que de alguna manera tienen que nacer a la carta, porque deben ser histocompatibles inmunitariamente con un hermano mayor portador de una enfermedad, para que desarrolle los embriones que le permitan ayudarle luego”. “Es verdad que la reproducción asistida se está moviendo ya en el filo de lo que es técnicamente posible y lo moralmente aceptable. Y no todo lo técnicamente posible es moralmente aceptable”, aclaró el ginecólogo.

Test genéticos para predecir enfermedades

El papel de la sanidad pública en los tratamientos de fertilidad, que son muy costosos, no permiten acceder a todo el mundo. Algo que no pasa desapercibido para el doctor Isidoro Bruna, quien asegura que “el problema es que si no hacemos un buen uso de todo este desarrollo científico cada vez habrá más injusticias sociales, porque solo aquellos que puedan llegar a pagarse estos test diagnósticos, serán los que se acojan a sus beneficios”. “El debate sobre qué se debe hacer en la medicina pública es más complicado, porque los recursos no son ilimitados. Pero aun así corremos el riesgo de que esos avances provoquen una injusticia social cada vez mayor”, recalca el investigador.

“Hemos sido capaces de secuenciar el genoma y dentro de 10 años esta prueba quizá no cueste más de 1.000 euros; también vamos a tener cada vez más información sobre los embriones, lo que provocará más presión de los padres para evitar el riesgo de que sus hijos padezcan enfermedades en el futuro. Pero el desarrollo científico tiene que estar en sintonía con los fines que se persiguen”, insistió el ginecólogo, quien reiteró que “la gente que acude a una unidad de reproducción no solo busca un embarazo, sino un bebé sano en casa. Y los test genéticos van incluso más allá, porque podrán determinar si ese bebé puede llegar a desarrollar alzhéimer o un cáncer a los 60 años”, espeta.