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Jorge Iván Pérez: “Hay que animar a la gente a que se defienda, a que pida lo suyo”

   
Foto / ANDRÉS GUTIÉRREZ

Jorge Iván Pérez. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

Cuando fue elegido como decano resultó ser veinte años más joven que cualquier otro de España. Pero esa juventud no le ha impedido labrarse un notable expediente profesional además de proceder expeditivamente a la hora de zanjar con delicados asuntos que pudieron perjudicar al colegio. A primeros de este caluroso septiembre, la entrevista con Jorge Iván Pérez (Telde, 1976) orilla la vertiente institucional para centrarse en recabar la opinión de este especialista sobre la gente y el día a día.

-Visto cómo está el mercado laboral en la España de hoy, ¿todavía hay quien sufre ese llamado síndrome postvacacional al comprobar que sigue teniendo empleo tras su veraneo?

“Efectivamente, el síndrome postvacacional no existe como tal, no hay una realidad patológica que nos hable de eso. Lo único que hay es una readaptación desde un periodo de descanso a otro de actividad. Hay dos claves: el primero es que generalmente nuestra actividad laboral es peor que nuestro tiempo libre, y el segundo que, desde luego, lo pasa mucho peor el que no tiene trabajo al qué volver. En realidad, el síndrome postvacacional se ha ido recolocando con la crisis: antes se le daba mucho bombo y hoy día bendito sea aquel quien pueda sufrirlo”.

-Aún así, hay técnicas para ayudar al que vuelve al trabajo…

“Se les recomienda que, en lo posible, llevar a cabo un periodo de ambientación y comenzar trabajando media jornada durante un par de días. La otra recomendación que dan los departamentos de recursos humanos y los psicólogos de organizaciones es tener planificada la tarea de los primeros días y evitar encontrarse con trabajo acumulado que han ido postergando los compañeros”.

-Lo cierto es que muchísimo más grave se antojan los problemas psicológicos que suponen, por un lado perder el trabajo, y por otro no encontrar uno nuevo…

“Hay una primera época donde uno toma tierra y siente hasta cierta libertad. Es un periodo breve al que sigue la fase de reestructuración, de readaptación, en la que se empieza a buscar de nuevo trabajo. Respecto al desempleado de larga duración, se trata de una situación absolutamente destructiva. Se sufren niveles de ansiedad muy altos a los que la gran mayoría no están acostumbrados, pérdida de autoestima muy profunda y seguramente con algún episodio o situación depresiva… Todo eso mantenido a lo largo del tiempo es muy difícil…”.

-Luego llega el amigo bienintencionado de turno y te dice aquello de ‘hombre, anímate, tú lo que tienes que hacer es buscar trabajo como si ése fuera tu trabajo’…

“Desde luego es una insensibilidad total, pero es que no se percata ese amigo que la variable psicológica es tan importante como la de ir a entregar el currículo y demás. Esa persona, ese desempleado o desempleada de larga duración, está destruida, y para reincorporarse a la actividad laboral tiene que hacerlo de forma muy distinta. Esta circunstancia no parece contar para esos gurús que te dan cuatro reglas mágicas para encontrar trabajo, cuando no es lo mismo haber perdido el trabajo el día antes que llevar un par de años en paro”.

-A los gurús de buscar trabajo les pasa como a los que dan conferencias de emprendeduría: si tanto saben, por qué no lo aplican en sí mismo. Por esa regla de tres, todos los psicólogos deberían disfrutar de una estabilidad emocional fantástica…

“Así como podemos automedicarnos desde la perspectiva farmacéutica y uno veces nos irá mejor y otra peor (generalmente peor), ocurre lo mismo con la psicología. Siempre recuerdo que los psicólogos no llevamos toda la vida en este planeta, sino que esta profesión existe desde hace menos de un siglo. Además, no siempre hace falta un psicólogo sino un buen amigo. La clave pasa por distinguir cuándo tenemos que acudir a un profesional. Un síntoma claro de que hay que ir al psicólogo es padecer mucha ansiedad

-¿El fúbol y Sálvame son los dos ansiolíticos que mantienen tranquila a esta sociedad española tras el atraco que ha sufrido? ¿La ignorancia es relajante?

“Pan y circo”.

-¿Es mejor no saber? ¿Es relajante la ignorancia?

“La inocencia, la simplicidad, la ingenuidad… Hacen que no veas más allá. Es el mito de la caverna de Platón: si lo único que percibo son sombras (o fútbol) ése es mi mundo, no veo más que eso. Pero si te toca inteligencia te va a tocar sufrimiento, es como un castigo divino, es algo automático. Es más fácil ser feliz si no eres muy inteligente…”.

-¿No vivimos en una sociedad con demasiado nivel de ansiedad?

“Desde luego. Es demasiada. Tiene que ver con el modelo de sociedad que tenemos, con nuestros valores… Otras sociedades que tienen menos son más felices en general que nosotros. Aquí se ha producido una connivencia entre la banca y la clase política ha dado como resultado que la gran mayoría de la sociedad sea quienes paguemos el pato. Y eso se está intentando paliar con mensajes muy burdos y con mucho pan y circo, aunque en realidad es con mucho circo y poco pan”.

-¿Qué le motivó a dar una serie de charlas preguntando si son los bancos unos psicópatas?

“Por la manera tan despiadada que han tenido de actuar con la ciudadanía tanto la banca como los políticos, que han utilizado el dinero de la gente para rescatarlos… Ha sido tan despiadado y tan burdo… Y una misión del psicólogo es trabajar por la felicidad del individuo, pero también por la felicidad social. No basta con rebajarle la ansiedad, sino que hay que trabajar para eliminar los elementos que la provocan. Y algunos de esos elementos son personales, pero otros son sociales, fruto del colectivo. Por eso hay que animar a la gente a que se defienda, a que se asocie, a no tener vergüenza, a pedir lo que es justo, a organizarse…. El psicólogo debe sembrar esa semillita, porque ese despertar social es tan importante para nuestra profesión como la búsqueda de la felicidad personal”.

-¿No teme represalias por lo que dice? Al mismísimo presidente de la Audiencia provincial hubo quien le criticó por hablar de los empresarios canarios, de los bancos…

“Es verdad que hay un gran miedo entre los que tenemos algún tipo de responsabilidad pública a que se nos corten las alas, que vivimos en una isla y yo mismo vivo de mi despacho privado, si pueden darse movimientos políticos para ser perseguido…”

-Cuando empezó la crisis, el consumo de artículos como las barras de labios se disparó. ¿Seguimos entrando por los ojos?

“Nos guste más o menos, importa mucho. La realidad es que la imagen que se transmite es fundamental, es el primer discurso que damos sin abrir la boca. Es lo primero que vendemos, ha sido así, lo es y lo será”.

-Canarias ha vivido dos episodios muy singulares. En Tenerife muchos se lanzaron a la calle para sacar dinero de los cajeros como si no tuvieran que devolverlo, mientras que en Gran Canaria arruinaron el ascenso del equipo de fútbol sus propios aficionados. ¿Nosotros somos así?

“Cuando uno analiza la psique de un individuo se utilizan unos baremos, pero si se analiza cuando actúa en grupo hay que recurrir a otros. Es como si nos cambiara el
cerebro. Funcionamos diferente. Todos. Si no, no seríamos seres sociales. Sobre los cajeros, no creo que fueran muchos los que se apenasen por los pobrecitos bancos… Otra cosa es la ingenuidad de creerse que todo aquello no quedaría registrado. En cuanto a lo de Las Palmas, dos cosas: La gente que se quedó hasta el final de todo para aplaudir al equipo contrario después de vivir un momento de profundo dolor y decepción me pareció aluucinante. Lo otro que me llamó mucho la atención fue el descaro y la desfachatez del responsable de que aquello pasara, que no fue otro sino el presidente del club, y que echó la culpa a otro de lo que era su obligación: garantizar la seguridad. Me parece mucho más censurable el comportamiento de este señor, rico y poderoso, que la de aquellos, probablemente de nivel cultural media o bajo, y que una de las escasas alegrías que le ofrece su vida es saltar a un campo para celebrar los éxitos de su equipo. Lo que es sintómatico de esta sociedad es el castigo que reciben unos y la impunidad del otro: Es fácil criticar al débil”.