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Lágrimas del Caribe – Por Rafa Lutzardo

   

Aunque no tenga capacidad de liderazgo, el gobierno que actualmente preside Nicolás Maduro en Venezuela se muestra firme y contundente ante una oposición debilitada y sin apenas recursos para poder competir en las urnas en unas futuras elecciones. Las dos últimas elecciones venezolanas pasó factura al opositor más directo a la presidencia, Henrique Capriles Radonski, el cual no encuentra alternativas o fórmulas para convencer al pueblo venezolano, con el objetivo de poder derrotar en las urnas al actual presidente Nicolás Maduro, hombre que en su momento vio al ya fallecido Hugo Chávez, en forma de pajarito.

No sé si era un canario, un melado, un carpintero o un capirote. Lo cierto es, que con ese disparate metamórfico una gran parte del pueblo caribeño se sintió orgulloso y privilegiado. También favorece al Gobierno chavista la división que hay en el partido opositor entre Enrique Capriles y Leopoldo Eduardo Lopéz Mendoza, actualmente encarcelado y acusado de presunta responsabilidad en los hechos de violencia registrado el 12 de febrero del presente año en el centro de Caracas. Ambos líderes opositores parecen ir por caminos distintos y eso sin duda favorece y fortalece más al Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela. Sin duda, si la oposición, con los dos líderes al frente, no reman en la misma dirección, con el objetivo de poder derrotar al chavismo y encontrar una solución a los múltiples problemas que ahora tiene el país, poco o nada pueden hacer. El pueblo necesita hechos y no palabras. Las personas que viven en los cerros, en los ranchos, no se moverán mientras el gobierno de Nicolás Maduro le siga dando las migajas de pan. Mientras tanto, Diosdado Cabello y Raúl Castro, se muestran impertérritos como perros pitbull vigilantes de todo movimiento de la oposición y del propio pueblo venezolano. Venezuela no tiene líderes en el Gobierno ni en la oposición, pero tampoco lo tiene una gran parte del pueblo conformista y resignado. El pueblo tiene lo que quiere y se merece. No les importa que haya escasez de medicinas, alimentos, libertad, seguridad, expropiaciones, muertes violentas y secuestros. Sólo les importa como poder llegar con vida a casa cuando vienen del trabajo o de recoger a sus hijos en los colegios, institutos y universidades. Entre todas sus riquezas, se encuentra una fábrica de lágrimas del Caribe. Lágrimas que reivindican cambios y soluciones, pero que se muestran impotentes ante el poder y el conformismo de muchas personas.