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por qué no me callo >

Lección de geografía – Por Carmelo Rivero

   

La primera patera que, hace veinte años, arribó a las Islas se propuso tocar a la Europa deseada por los pies. Canarias, con una especie de negligencia espacial, no tenía conciencia de ser parte integrante del concierto de África y omitía el parentesco, hasta que la patera recordó la geografía. Los dos precursores saharauis procedentes de Tarfaya se plantaron en Fuerteventura. Era una ruta factible, a cien kilómetros, que secundarían cien mil africanos. Europa era el Faro de la Entallada. Lanzarote y Fuerteventura, como hoy con el petróleo, introdujeron el debate de la inmigración en la agenda política. Todos buscaron sin éxito al barco nodriza. Canarias, el 28 de agosto de 1994, no era la de hoy, ni África tampoco. La crisis le dio la vuelta al calcetín. Senegal, que aportó sus piraguas multicolores a la flota del deseo a partir de 2005, pasó de mandarnos cayucos a mandarnos perras para salvar el Instituto de Enfermedades Tropicales. Al cantante Youssou N´Dour, el icono senegalés, le atormentaban los paisanos ahogados, en una disuasión sin éxito. Unos años después, lo entrevisté de nuevo, era ministro de Turismo y Cultura en su país; los cayucos eran historia.

La siguiente escena ocurre en el obispado de Las Palmas. Ramón Echarren, difunto reciente, un día de agosto de la eufórica y olímpica España del 92, se asoma a la ventana de su despacho en la Plaza de Santa Ana, y habla de una Canarias “tercermundista”. En aquel momento de éxtasis europeo, en la ola de Maastricht y los fastos del Descubrimiento, la Expo y los Juegos, ponía el dedo en la llaga, nada de primer mundo: país de pobres, me dijo. Más tarde, se desgañitaba en las homilías, acólito de Tarancón, contra “racismos y caciquismos”. Hay fotos de africanos cayendo extenuados en la playa, o yaciendo sin vida, con turistas impasibles al lado charlando bajo el sol con un cóctel en la mano. En cambio, en la Tejita, nos congratulaba ver a los bañistas socorriendo a los recién llegados. Lampedusa y Canarias son el cuarto de visitas y Europa deja que se hacinen como trasteros en lo que el papa Francisco denomina “la globalización de la indiferencia”. Había que ser de piedra viendo sacar cadáveres infantiles como pescaditos del mar, cuando volcaron en los Cocoteros (Guatiza), a veinte metros de la vida (el 15 de febrero de 2009). Sí, había que tener horchata en vez de sangre en las venas cuando más de 30.000 africanos vinieron en 2006, y un número incontable de náufragos desapareció. Siempre cito al Nobel nigeriano Wole Soyinka, que acaba de cumplir 80 años, el poeta que pedía a Europa que por cada cien inmigrantes que llegaran en un cayuco, enviara en la misma barca a cien emprendedores a África. “Si se instalan en Lagos, ya no querrán salir de allí”, apostillaba.