X
La última >

Linchamiento mediático – Por Jorge Bethencourt

   

El infierno está empedrado de buenas intenciones. El viejo refrán recoge el hecho de que el entusiasmo excesivo por una buena causa se puede convertir en injusto fanatismo. La Plataforma Anti Desahucios (PAH) ha luchado casi en solitario contra un frío sistema bancario que ha sido incapaz de ofrecer solución a miles y miles de familias ahogadas por la crisis económica. Quienes compraron en los tiempos de la burbuja asumieron unas cargas hipotecarias que luego, en medio de la glaciación económica, han sido incapaces de afrontar. Los bancos, que recibieron dinero de nuestros impuestos para salvar su culo, han seguido ejecutando las hipotecas y echando gente fuera de sus casas, cerrando los ojos al drama de sus clientes.

Pero todo lo bueno que ha hecho la PAH no justifica su última acción de estos días. Poner en las redes sociales la foto del vecino que tuvo un pleito con el matrimonio de ancianos de Tacoronte – “la canallada tiene rostro”, decían- es avanzar en el camino del linchamiento. Primero mediático y luego, tal vez, físico. Los ancianos de Tacoronte perdieron su casa porque fue subastada tras perder un juicio. Una sentencia -todo lo discutible que se quiera- concluyó dando la razón al vecino que más tarde compró la casa de sus adversarios en una subasta judicial y procedió a expulsarlos de ella. Criminalizarlo, denominarlo canalla, colocar su foto en las redes sociales, es casi una incitación a la violencia.

Las peleas por los lindes son tradicionales en Canarias y en ocasiones han acabado incluso en tragedia. Pero por mucho que sea triste y penoso que los dos ancianos hayan perdido su casa, más triste es estigmatizar como verdugo al vecino. La frustración por una mala defensa o una mala justicia no puede cebarse en quien solo ganó un pleito de vecindad. Señalarlo públicamente es propio de un peligroso linchamiento mediático. La PAH, que tanto y tan bien ha hecho, en esto metió la pata hasta el fondo.