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Malos vicios – Por César Martín

   

Si la cuesta del mes de enero es asfixiante, no lo es menos la de septiembre, máxime si se tiene prole y no queda más remedio que hacer frente a la vuelta al cole. La media por alumno en Canarias ronda los 700 euros, un desembolse económico que incluye calzado, ropa, material escolar y los temidos libros. Un montante que descalabra hasta las más saneadas economías domésticas. Y detrás de todo esto (como no puede ser de otra forma cuando hay dinero de por medio) el negocio, el interés y el abuso. Una manera más de sacarle los cuartos al personal, aprovechando la ignorancia, los malos usos y costumbres.

En el tema de los libros de texto hay que andarse con ojo. Primero, porque no son prescriptivos, es decir, ninguna ley obliga a que se impartan las enseñanzas con un libro que sirva de guía. La normativa indica qué se debe enseñar, lo que cada alumno debe aprender en las etapas de su educación, pero hasta ahí. Queda pues en la decisión del centro escolar, del claustro o del maestro, la potestad para decidir si se elige un recurso u otro. Claro está que tener un material que facilite la dura tarea de la docencia es ideal, y esto las editoriales lo saben. Curso tras curso se visita a los maestros y centros ofreciéndoles las novedades, las actualizaciones más recientes, el último grito en educación. Libros y guías didácticas con todo programado para el profesor, una golosina que evita tener que elaborar materiales propios. Pero si dar clase es seguir el dictamen de una guía, cabría el comentario socarrón de que eso lo podría hacer cualquiera…

Por otro lado, la vocación del libro de texto es aunar todo el conocimiento que se debe impartir, y así fue concebido en el siglo XIX. Ahora bien, estamos en el XXI y los canales de conocimiento e información han cambiado, las fuentes son múltiples y toca desarrollar otras competencias. “¿Podemos seguir enseñando con libros de texto cerrados y estáticos?, ¿puede el profesor ser la principal o única fuente de conocimiento?, ¿podemos seguir desarrollando una enseñanza como la de siglos pasados?”, nos plantea el catedrático Javier Tourón. Yo creo que no, hay alternativas, pero ya se sabe… malos vicios.

@cesarmg78