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Calor y devoción ancestral en El Socorro

   
A las siete de la mañana partió la Virgen desde San Pedro rodeada de miles de devotos camino de El Socorro. / ANDRÉS GUTIÉRREZ La tradicional danza de las cintas dio inicio a la Bajada una vez concluida la misa del obispo. / A.G. Miles de personas participaron en la romería. / NORCHI Los más jóvenes también ayudaron y se apuntaron a cargar la imagen. / ANDRÉS GUTIÉRREZ Miles de vecinos acompañaron a la Virgen hasta el caserío de El Socorro. / CARMEN LUISA CASTRO DORTA El camino de siete kilómetros, pese al calor, fue llevadero sobre el asfalto o sobre tierra. / ÁNDRÉS GUTIÉRREZ Más de doscientos guanches participaron en la ceremonia. / DA
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A las siete de la mañana partió la Virgen desde San Pedro rodeada de miles de devotos camino de El Socorro. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

NORBERTO CHIJEB | Güímar

Miles de devotos y no devotos acompañaron un año más desde la siete de la mañana, en que salió de la Iglesia de San Pedro, en Güímar, hasta el caserío de El Socorro, a la Virgen del mismo nombre en la que está considerada la romería más antigua de Canarias.

El calor, impregnado por el agradable y fresco olor de la albahaca, fue el gran protagonista de una jornada festiva que se viene realizando desde hace más de quinientos años, según cuentan los historiadores justamente 504 años.

Una tradición de regresar la pequeña talla con la Virgen y el Niño Jesús a la playa de Chimisay donde por el año 1400 se le apareció a dos guanches en el llano del Encuentro, justo donde hoy se encuentra la Cruz de Tea.

El hecho de coincidir la fecha de la Bajada en domingo permitió, según el puesto de mando de la organización de las fiestas, que se batieran ayer todos los récords de participantes, porque si inicialmente hablaron de cien mil personas en la Bajada, según avanzaba el día se cifró en 120.000 personas las que se dieron cita ayer, desde la salida de la iglesia de San Pedro a la llegada a la ermita de El Socorro en la celebración de una Bajada que se distinguió por su rapidez y por estar ausente de incidentes de especial gravedad, aunque la Cruz Roja tuvo que atender a varios caminantes con torceduras de tobillo y, ya cerca de la ermita del caserío, a varias mujeres con lipotimias por el efecto del calor y la gran aglomeración cuando, sobre las 11.15 horas, llegó la Virgen, con su manto rojo, a la puerta de la que será su casa hasta esta tarde.

La alcaldesa se mostró satisfecha de la participación y del operativo de seguridad

Sea exagerada o no la cifra de cien mil personas, lo cierto es que esta edición de la Bajada superó con mucho a las anteriores y cabe reseñar que las medidas de seguridad, como la de evitar la entrada de una treintena de carros y carrozas al centro del caserío, hicieron más llevadera la jornada en este pueblo de 300 habitantes que ayer fue el epicentro cristiano de todo Tenerife.

Como así recordó el obispo Nivariense, Bernardo Álvarez en la homilía de las seis de la mañana en la abarrotada iglesia de San Pedro, y posteriormente recordó ya en la misa del mediodía en El Socorro, Juan Francisco Alonso, párroco de Arafo y Fátima, quien destacó que “la Virgen es la muestra de la virtud de la caridad y es factor imprescindible de la unidad de los hijos”.

La Virgen de El Socorro partió a las siete de la mañana desde la iglesia de San Pedro para ser acompañada por miles de devotos y romeros durante los siete kilómetros del recorrido con el inconfundible olor a albahaca y el sonido de los bucios.

Una romería singular, donde no hay traje tradicional o de mago, excepto aquellos dos centenares que visten las pieles de oveja o de cabra de los antiguos aborígenes. Lo que nunca falta es un manojo de albahaca en la mano, en la solapa y sobre todo en el sombrero o pamela, ayer más imprescindible que nunca para mitigar el calor.

Tampoco faltó el Salve a la Virgen o el clásico pasodoble Nuestra Señora ya partió, unas notas que recogen todo el sentir de un pueblo que ayer vivió otra demostración de devoción, sin que la edad o los impedimentos físicos pusieran freno para hacer el camino desde San Pedro hasta Chimisay y proseguir de fiesta durante todo el día en un aglomerado caserío, que hacía acopio de las viandas caseras o de los muchos kioskos habilitados al efecto, mientras esperaban los no menos espectaculares actos de la tarde, con la aparición de los guanches y la siempre emocionante procesión de las candelas, como víspera de lo que será mañana el día propiamente de la Virgen de El Socorro.

Satisfacción

La alcaldesa de Güímar, Carmen Luisa Castro, destacó la alta participación y la ausencia de incidentes de consideración. “Estamos contentos porque las medidas de seguridad han funcionado con rotundidad hasta ahora y, pese a que algunas personas consideran que son demasiado restrictivas, la legislación es cada vez más estricta y es perentorio tomar ciertas medidas. Pero los güimareros han demostrado una vez más su hospitalidad y generosidad, recibiendo a miles de personas de toda Canarias. La Bajada de El Socorro -agregó- es el orgullo de un pueblo, una tradición de siglos que nos une a todos los vecinos de Güímar con nuestra historia y que, además, es el momento en el que reencontramos a viejos amigos y recordamos a los que ya no están”, señaló Carmen Luisa Castro.

Un equipo de 150 personas, a las que se sumarán otros tantos en la Subida de la Virgen desde esta tarde, participó en el operativo de seguridad, que al menos hasta bien avanzada la tarde apenas había tenido que intervenir en incidencias reseñables.

Reconstrucción de la historia o leyenda

Uno de los actos más emocionantes, a semejanza de lo que sucede el día 14 de agosto en Candelaria, es la ceremonia de la aparición de la Virgen a los guanches en la playa de Chimisay, hoy de El Socorro. Miles de personas se dieron cita ayer tarde, en el entorno de la Cruz de Tea y del espigón de la playa para presenciar la reconstrucción de un hecho ocurrido hace seiscientos años y que ayer contó con unos 200 figurantes guanches, ataviados para la ocasión, que trasladaron a la emoción a todos los presentes.

Según recoge la historia o la leyenda, la pequeña talla de la Virgen apareció por primera vez a dos guanches que estaban repastando su ganado cerca de la costa, teniendo que pasar por aquella playa el ganado se espantó y no quería pasar. Uno de ellos, pensando que fuese alguien que quería robarle, se acercó y vio la Santa Imagen sobre una peña. Quiso hacerla huir al darse cuenta de que era mujer, pues en la tribu era penado encontrarse con una mujer sola. Al ver que la imagen no se movía, tomó una piedra para lanzarsela, pero su brazo se quedó yerto y extendido. El otro compañero, viendo lo que pasaba, quiso hacer nueva experiencia y, tomando una tabona, especie de cuchillo primitivo, trató de cortar un dedo a aquella mujer, pero vio como era su propio dedo el que manaba sangre.

Admirados los dos, dieron aviso a su rey (mencey), éste decide ver con sus propios ojos lo sucedido. Su sorpresa   fue mayor al ver aquella imagen con un resplandor que salía de su rostro y traje. Propusieron así llevarla a la casa, pero ninguno osaba tocarla. Es por eso que el mencey Acaymo, ordena a los dos pastores que la encontraron, que la tomen y la lleven. Ellos, al tocarla, quedan sanados y entre silbidos y gritos, todos celebran lo sucedido y llevan la hermosa imagen a su reino para honrar a la huésped que les había venido.

La imagen se resguarda entonces en el sitio de Chinguaro, hasta que el cristianizado Antón Guanche decide trasladarla a una cueva de Candelaria.