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Nuevo curso escolar – Por Leopoldo Fernández

   

Esta semana comienza en Canarias el nuevo curso escolar en los distintos niveles de Infantil, Primaria, ESO, Bachillerato, Formación Profesional, Cualificación Profesional, enseñanzas deportivas y ciclos formativos de grado medio. La principal novedad es la entrada en vigor, quizás un tanto precipitada, de la Ley Wert, llamada así por el apellido del ministro de Educación, o Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), tan polémica como de dudoso futuro, ya que todas las formaciones políticas se han comprometido a derogarla tan pronto el Partido Popular pierda el poder. En estas condiciones, la incertidumbre va a marcar el futuro inmediato de la enseñanza, cuando lo ideal es -siempre, en cualquier circunstancia, sea cual fuere el color del Gobierno- la estabilidad y continuidad de las grandes normas, salvo puntuales revisiones coyunturales recomendadas por los avances tecnológicos, los resultados de la propia experiencia o la conveniencia de incorporar a los programas educativos determinados conocimientos fruto de las necesidades sociales y las demandas del mercado de trabajo. Los sucesivos informes Pisa y el éxito escolar de países con evaluaciones satisfactorias, tras años de políticas bien concebidas, consensuadas y aplicadas -el caso de Finlandia resulta especialmente significativo y ejemplar-, son el mejor espejo en el que mirarse, aunque no parece que las autoridades educativas españolas ni en general la clase política nacional y autonómica, sigan estas pautas tan recomendables. Para Canarias la vuelta al colegio va a llevarse a cabo con ciertas, aunque por el momento sólo teóricas, perspectivas de éxito, salvo en el caso de la FP, incluida la básica, que un curso más no atiende las necesidades de plazas de una demanda convencida del buen futuro que presenta esta rama de aprendizaje. En las Islas este año hay menos estudiantes, menos profesores y menos centros escolares, mientras se mantienen, o crecen ligeramente, las inversiones del curso anterior para los centros públicos y concertados, lo cual es un buen augurio y una prueba fehaciente del interés del Gobierno por la educación no universitaria y por combatir la tradicional y lamentable lacra del fracaso escolar. Cabe esperar en este sentido que la potenciación de algunas asignaturas troncales -Matemáticas e idiomas principalmente- y la innovadora introducción de otra -Educación Emocional- contribuyan a la mejora del rendimiento del alumnado, pese a las dudas existentes a estas alturas de si conviene o no renovar los libros de texto. Sólo falta que funcionen con la debida eficiencia la coordinación entre autoridades y profesorado, el transporte y los servicios de comedor.