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El patio ya está revuelto – Por Óscar Herrera

   

Que el fútbol no se puede teledirigir es un hecho contrastado. Si así fuera, habría que intentar darle al botón de pausa del mando para reflexionar mínimamente. Jornada dos y da la impresión de que algunos (no sé cuántos, pero parecen cada vez más), se han cansado ya del entrenador del CD Tenerife. Esta es la tercera temporada de Álvaro Cervera al frente del equipo blanquiazul, y eso parece que ha provocado que esté muy visto.

Focalizar todos los problemas del equipo en el entrenador no es lo más acertado, aunque su peso en las decisiones deportivas, junto a Alfonso Serrano, lo coloca en el centro de la diana. Entre las cosas que se le critican al técnico está la teoría de que el Tenerife no tiene identidad. Falso. El DNI del conjunto tinerfeñista es el de su técnico. A estas alturas no tenemos que volver a repetir cómo entiende el fútbol Cervera y los resultados que aquí ha tenido desde su llegada con ese estilo. ¿Que no gusta? Tan respetable como entendible, pero aquí lo que se busca son resultados y no estilismo.

El problema es que los resultados no llegan, aunque solo estemos con dos fechas jugadas de las 42 de la Liga. Sea como sea, el afán de Cervera por obtener esos resultados y hacer jugar a los suyos es evidente, pero ahora mismo no obtiene recompensa.

Tras toda esta selva de acidez y comentarios negativos hacia el míster, algunos jugadores, el secretario técnico o el presidente, no hay otra realidad que una afición frustrada. Y eso lo entiendo y hasta lo comparto. Por otro lado, creo que otro sector del entorno ha caído en un profundo sueño de conformismo que no es bueno. Ni tantos ni tan calvos, pero aquí los grises no existen.

El Tenerife no debe poner excusas ni atenuantes para ser un club con ambiciones. Para decirlas sin miedo y para contagiar de deseo de triunfos a un entorno cada vez mas apagado, pero eso también genera una presión añadida que no gusta, con lo que nos quedamos a medio camino.

En ocasiones, a pesar de lo que arrastra este equipo en seguimiento mediático, tengo claro que estamos languideciendo poco a poco. El año pasado, un derbi y un canterano estelar insuflaron aire fresco al turbio ambiente que se empezaba a hacer irrespirable. Luego, todo volvió a su cauce. Ese que, desde 2010, nos convirtió en un entorno crispado e infeliz. Eso es lo que hay que cambiar, empezando por dar con la tecla para ganar ya y empezar a construir un equipo competitivo que empiece a dar alegrías.

Quito la pausa, nada cambia. Prosiguen las críticas de una parte mientras la otra pide paciencia y acusa al sector más guerrillero de agitar el ambiente de manera innecesaria. Vamos, lo que viene a ser la división habitual del tinerfeñismo, y con el equipo en medio.