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Patriotismo – Por Leopoldo Fernández

   

Una encuesta encargada al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) ha levantado ampollas y causado consternación en distintos ambientes políticos, de manera especial en el estamento militar. Resulta que tan sólo el 16,3% de los ciudadanos se confiesa dispuesto a, sin la menor duda, tomar parte en la defensa de España si fuera atacada por una potencia extranjera. Otro 24,4% es proclive a participar en esa defensa, mientras un 55,3% rechaza de plano tal contribución. La encuesta revela un retroceso del sentimiento de pertenencia a España, fruto probable de un nacionalismo intolerante y fanático, sobre todo en Cataluña y País Vasco, donde el desafecto ha crecido el 6% en los dos últimos años. Tres de cada cuatro ciudadanos se sienten muy o bastante orgullosos de su condición de españoles, un sentimiento identitario que también va perdiendo fuelle.

Este retrato, con ser en apariencia preocupante, conviene acogerlo con ciertas reservas. Entre otras cosas, porque el amor a la patria suele ser un sentimiento que se visualiza en momentos y ocasiones singulares o extraordinarias, como ocurrió cuando la selección nacional ganó el Campeonato Mundial de Fútbol en Sudáfrica. Hoy por hoy, la ciudadanía no percibe en el horizonte ninguna intimidación que pueda dar lugar a conflagración bélica con algún país extranjero, aunque la encuesta deduce que Marruecos es la potencia que más amenaza a España -así lo estima el 14,8% de los encuestados-, seguida extrañamente por el Reino Unido y Siria, en tanto el conflicto que más puede afectarnos es el existente en la zona del Magreb y el Sahel. Esta ausencia de peligro de guerra me parece una circunstancia relevante para tratar de explicar el grado de pasotismo patriótico existente, sin ignorar la lamentable falta de una cultura de seguridad y defensa en el común de los ciudadanos y los fallos del sistema educativo a la hora de impartir valores cívicos, principios ético-Morales y conceptos democráticos básicos en la formación de las nuevas generaciones. Tanto como un legítimo sentimiento de orgullo y pertenencia, el patriotismo -en cuyo fomento deben trabajar la familia y la comunidad- es respetar y amar al país en que se ha nacido, sus símbolos, cultura y tradiciones, trabajar por su engrandecimiento, compartir su historia y asumirla con dimensión crítica, luchar por la justicia y los derechos humanos, procurar el bien común y el respeto a la diferencia y la diversidad… Independiente de cualquier forma de poder, patriotismo no es chovinismo ni entelequia, sino un ideal noble que, sin complejos ni manipulaciones, debe imperar en la conciencia individual y en el alma colectiva del pueblo.