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PIB con añadidos – Por Francisco Pomares

   

Desde ayer somos un dos por ciento más ricos. El sistema europeo de cuentas normaliza el cómputo del PIB español, y le añade la pasta gansa que se mueve en golferías del cuerpo y de la mente, y la que se gasta en I+D y en industria militar. No pienso ponerme moralista a estas alturas con los vicios de la carne y del espíritu. La prostitución es explotación y esclavitud, y también un negocio que contabiliza miles de millones. De cada mil euros que suman el PIB español, tres y medio llegan ahora desde saunas y prostíbulos. Y con las drogas lo mismo. Cinco de cada mil euros del PIB vienen en bolsitas de yerba y papelinas. En total, más de 9.000 millones de euros saltan desde el lado oscuro de la economía para salvarle el culo a las cuentas del Gobierno. Y es que Rajoy nació con una flor en el ídem: un tipo que iba para registrador en Cuenca (con intención de mudarse a Villagarcía de Arousa), sin más vocación pública que la de defender el valor macrobiótico de la ingesta de morcilla, y ahora resulta que por un ukasse contable de Bruselas ha logrado bajar un dos por ciento la deuda pública española sin fruncir siquiera el ceño. Para que luego digan que la fortuna sólo acompaña a los audaces… En fin, la contabilidad tiene estas cosas: puede encumbrar como activos las botellas de Château d’Iquem de Blesa, sólo cien días antes de que el tipo se de de morros contra los hechos probados, o puede convertir la industria de matar en una inversión, siempre que se cumpla la condición de que las bombas caigan bien lejos Europa. Es el cinismo de las cuentas, con el que Guindos y los suyos nos sazonan a diario el canto de la macroeconomía feliz. Si quieren que les diga la verdad, la macroeconomía me tiene ya hasta el mismo higo: llevo “cuatro trimestres consecutivos” -que diría el propagandista de la butifarra- intentando entender el misterio insondable de que en este país haya cada día más gente que tiene muchísimo menos, mientras la misma menos gente de siempre tienen muchísimo más, y que se nos venda desde los púlpitos impresos del PP como la demostración de que España va mucho mejor y que el Gobierno ha cumplido sus promesas. Cuatro trimestres (dicho en China parece mucho más que si fuera un año) destripando pescado macroeconómico para encontrar alguna señal en sus vísceras de que ceden las colas del paro, se paralizan los desahucios y le pagan las deudas a los funcionarios. Cuatro trimestres de trajinar pescado sólo para acabar constatando que este pescado huele ya a pescado podrido, mientras los señores del traje oscuro apuntan en sus tabletas un dos por ciento más de mejoría.