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Luces y sombras >

Prodigios – Por Pedro H. Murillo

   

Usted no es el mismo, aunque el espejo le devuelva una imagen exacta que el amable lector que me leía el pasado domingo. Ni siquiera es el mismo ni usted ni yo que el mamífero que éramos hace 24 horas. Y es que cada una de sus células tienen un reloj interno diseñado, afortunadamente, para su destrucción de ahí que renovemos todo nuestro entramado celular cada dos días.

En virtud de ese peculiar suicido primigenio conservamos el precario y asombroso equilibrio biológico de nuestros organismos. Hay algo intrínsecamente triste en este mecanismo, como una constatación lapidaria de la perdida de nuestra infancia. Se podría decir que cada mañana morimos un cachito para vivir una semana más. Sin embargo, la ciencia nos ha revelado que las células cerebrales no se comportan igual por lo que nuestra memoria se conserva intacta, a no ser que suframos, en mi opinión, una de las patologías mas crueles, alzhéimer. La renovación celular es un prodigio más de las maravillas que podemos encontrar en este caos vital. Lo cierto es que me resulta inquietante que no sea el mismo escritor ni columnista que le dio la brasa el pasado domingo. Iniciamos, por tanto, cada cita dominical una columna nueva, un encuentro inédito con el café y la letra. De ahí que me resulte hasta cierto punto ridículo toda esta cantinela de la renovación de los partidos. Debo confesarles, que los conciábulos ejecutados en las moquetas mullidas me interesan poco o casi nada. Y es que no creo en las renovaciones sinceras salvo en las celulares. Me resultan más honestas. En el caso de la clase política temo que la renovación en algunos casos sea ficticia. El mundo, este al menos que se está formando a toda velocidad, impone una nueva forma de hacer política en donde la perpetuación del aparataje político (algunos llevan más de 30 años en el mismo sillón) no tiene sentido. Han nacido nuevos popes y prodigios como Podemos, que cada día muestran una faz más poliédrica adquiriendo la naturaleza del virus, entendiendo esto como una capacidad extrema de adaptar su discurso a cada espacio u auditorio. Mientras, el resto de los partidos tradicionales intentan contorsionarse o enseñar sus plumas a un electorado remiso y sediento de prodigios que no encontrarán en ninguna de las opciones disponibles. Así que, disfrute del café y de sus renovadas células. Piense que lo urgente no es lo importante y sonría al otoño cercano con la esperanza de que los dioses nos libren de tanta política doméstica.