X
a babor >

El rector se suelta la coleta – Por Francisco Pomares

   

El rector Doménech decidió abrir el que probablemente sea su último curso académico como rector, con una intervención muy beligerante, en la que acusó de cobardía a los políticos canarios, a los que responsabiliza de estar asfixiando financieramente a la Universidad de La Laguna. Es frecuente que los rectores se quejen del trato económico que reciben las universidades por parte de la Administración, podría decirse que es un discurso clásico en las aperturas de curso académico, y no sólo en tiempos de crisis. No se trata, pues, de una novedad. Quizá sí lo sea que Doménech se apunte a la moda y responsabilice agriamente a los políticos de esa situación, olvidando que él mismo fue elegido en una candidatura electoral, en liza con otras, y que administra recursos públicos, como hacen los políticos. Las Universidades públicas se mantienen con nuestros impuestos, y sus dirigentes se eligen en procesos abiertos exclusivamente a la comunidad universitaria, pero que no dejan de ser mecanismos políticos, como lo son -de otra forma- los que regulan la elección del Consejo General del Poder Judicial. El hecho de que la financiación de las universidades públicas no sea competencia directa de las propias universidades -que sólo aportan una pequeña parte por tasas de matrícula- permite a los rectores desvincularse -cuando conviene- de la responsabilidad financiera en el funcionamiento de los centros, pero lo cierto es que la Autonomía Universitaria permite gestionar los recursos con razonable flexibilidad. Doménech, por ejemplo, advirtió de que si se mantiene la actual situación, peligra incluso la plantilla de la Universidad, hasta ahora intocada. Ojala no se produzca ningún despido en la ULL, pero si ocurre, convendrá recordar que la práctica totalidad de las empresas y administraciones de este país han visto mermadas sus plantillas por la crisis. Si la ULL optó por preservar esas plantillas mermando a cambio la atención a los alumnos en vacaciones -los centros permanecen cerrados a cal y canto en verano y vacaciones de Navidad y Semana Santa-, esa es una legítima decisión de quienes gobiernan La Laguna, no del Gobierno de Canarias. Aquí es frecuente echar siempre la culpa al de al lado. Los alumnos se quejan de pagar más por las segundas, terceras y cuartas matrículas, como si fuera una obligación del Estado financiar eternamente a los repetidores crónicos. Los profesores se quejan de falta de recursos para investigación, pero luego no cubren sus sexenios. Y los rectores responsabilizan a los políticos, olvidando su propia responsabilidad en que no haya una sola universidad española entre las mejores del mundo.