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El referéndum – Por Jorge Bethencourt

   

Ya saben lo que dicen de los escoceses: que son los únicos tipos que llevan falda y son de fiar. Escocia no defraudó ayer a media Europa, que no había pegado ojo esperando los resultados del referéndum por la independencia. Saber que el Reino Unido no se desintegra ha hecho que algunos respiren con alivio. El primer ministro británico, David Cameron, ha conseguido dos cosas realmente contradictorias, aparecer como ganador de la votación y perder la confianza de la ciudadanos que lo consideran un auténtico inepto por haber permitido una consulta vinculante que a punto ha estado de liarla.

Por toda Europa se repite un mismo fenómeno; territorios que quieren segregarse de sus Estados. Pasa en el norte de Italia, en Francia con los corsos y los vascos, en España con los vascos y catalanes o en Bélgica con los flamencos. Los ricos y laboriosos no quieren seguir cargando con los que consideran vagos y menesterosos. O lo que es lo mismo: los que pagan más impuestos para ayudar a los que tienen menos están hartos de que les rasquen el bolsillo. Luego eso lo envuelve usted en una cuidadosa literatura nacional (la identidad, la cultura, la historia y la leche merengada) pero en el fondo del tema… es la jodida pela.

Los Estados subsisten por la fuerza. Por las leyes que obligan a sus ciudadanos. Y por las leyes que impiden dejar de ser ciudadano. Millones de catalanes -a saber cuántos- quieren la independencia. Yo también. Pero ni a ellos ni a mí nos van a dejar salirnos del tiesto. A esto se resume todo. La ficción democrática y el discurso de buen rollito de las libertades se acaba en cuanto quieres abandonar el teatro. Entonces el Estado llama a los acomodadores de uniforme y te vuelven a sentar en la butaca. Que es lo que está a punto de pasar.