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Regeneración política – Por Cecilio Urgoiti

   

Anda el partido del gobierno con eso de regeneración democrática, sin conocer que Sócrates se tomó la cicuta no por puro placer, sino por dictamen del Ágora, órgano democrático en forma de asamblea ciudadana, con las exclusiones que la sociedad de la época marcaba. Esa fue una incipiente democracia que filósofos como Platón y Aristóteles se encargaron de teorizar, hasta el extremo de catalogarla como la peor de las formas de gobierno. Hubo de esperarse a Montesquieu, entre otros, para ver las revoluciones americana y francesa con sus nuevos desarrollos democráticos que, aún hoy, está y ha de seguir estando, en constante cambio. Pero desde un principio, con una división de poderes, que aquí brilla por su ausencia.

Cuando oí o leí, no recuerdo bien, eso de regeneración democrática pensé que era una inconveniencia y que lo corregirían al darse cuenta. Pero no, no rectificaron. Es más se han puesto a la tarea, equivocadamente desde mi punto de vista, pues la democracia solicita ella misma, que se profundice en ella, no que se regenere. Lo que sí habría que empezar por regenerar es a la clase política, de tal forma que los que hoy están han de irse, abandonar todo cargo. Luego se ha de establecer el mecanismo necesario para unas Cortes Constituyentes, de donde emane una nueva Constitución, en la cual la constante sea la democracia participativa y la firme e innegable consulta al pueblo en las decisiones que se constaten el interés general. Las nuevas tecnologías ayudarían al vital acercamiento de pueblo y administración gubernamental. Por tanto, ha de ser fácil el uso de esas consultas.

Hasta ahora los promotores de la regeneración democrática no han debido caer en la cuenta de que cuando algo necesita ser regenerado es por que ha degenerado, así que ellos mismos se ha colocado a los pies de los caballos. La oposición ha entrado a saco y hace propuestas sin reparar en el término. Claro esta que si le dejan colar algo y ellos pueden argumentar eso tan recurrido que es “cuestión de estado” se darán por satisfechos y saldrán como Dürrenmatt en el Proceso por la sombra de un burro, que decía aquello de que “vivimos unos tiempos en los que siempre tenemos que estar constatando lo evidente”. La verdad es que si es evidente será por su propia constatación y si se ha constatado es evidente. Con lo cual, el burro da sombra y si le colocas una buena albarda sigue proyectando más sombra…
No es este el lugar ni el momento para escribir la Constitución y tampoco soy yo quién ha de hacerlo, pues tras unas Cortes Constituyentes, serán los que surjan de ellas, los encargado de tal tarea. Ya no se puede enmendar la plana a los actuales políticos, tienen sus vicios adquiridos, por supuesto que hay honrosas exenciones, y estoy convencido de que más de las que muchos imaginan. Aunque la realidad nos hace ver todo contaminado, ya que la regeneración que se necesita es política.