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Una sentencia “muy clara” – Por Francisco Pomares

   

Asier Antona ha sido muy contundente al defender la “honestidad” de su colega el diputado Jorge Rodríguez, imputado y finalmente absuelto por el TSJC por su implicación en el caso Europa. Antona se felicitó porque se ha hecho justicia y la sentencia “sea tan clara absolviendo a Jorge Rodríguez”. Es normal que Antona defienda a su amigo y se alegre de que haya salido de rositas en uno de los casos de corrupción más evidentes de los últimos años. Otra cosa es que se refiera a la “honestidad” de Rodríguez (supongo que quería decir “honradez”, porque la honestidad es más cuestión de ombligo para abajo que de ombligo para arriba), pero lo cierto es que la sentencia no abunda precisamente en ese sentido, sino en el contrario: considera probado que Rodríguez cobró 64.000 euros por ejercer su influencia y moverse en esferas políticas a favor de quien le pagó, aunque no considera probado que esas gestiones de “presión psicológica” tuvieran la “entidad suficiente para condicionar la voluntad del funcionario”. Por eso, aplicando expresamente el criterio del latinajo in dubio pro reo (si no hay certeza prevalece lo más favorable al denunciado), la sentencia condena a otros cinco implicados y a él le deja escapar por los pelos, reconociendo que medio e influyó ante compañeros de partido y funcionarios de Telde a favor de un constructor que le pagó por esos servicios, prestados como abogado experto en cuestiones urbanísticas, la nada despreciable suma de 64.000 euros. Y aquí se abre otro asunto que debería haber frenado la alegría de Antona a la hora de avalar la honestidad de cintura para arriba de su colega: la sentencia recuerda que el pago del constructor a Rodríguez fue oportunamente declarado a Hacienda como honorarios profesionales, cuando resulta que Jorge Rodríguez cobraba en el Parlamento su salario como diputado acogido al régimen de dedicación exclusiva, que impide a los diputados realizar actividades remuneradas por encima de una cantidad superada con creces por los 64.000 del ala de Rodríguez.

Además de dedicarse a mediar, Jorge Rodríguez cobraba simultáneamente como diputado en dedicación exclusiva y como abogado en ejercicio. La sentencia considera que la exigencia de responsabilidades por vulneración de la incompatibilidad parlamentaria corresponde al Parlamento, pero supongo que eso será predicar en el desierto: dudo mucho que el tribunal de iguales que es la Cámara repruebe al diputado sobreempleado. No es el único que se pasa la dedicación exclusiva por el arco de triunfo.