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Un socialista marxista: Allende – Por Cecilio Urgoiti

   

El 11 de septiembre de la reciente historia mundial tiene muy señalado un terrible acontecimiento, el más trágico, acaecido en Nueva York.: el atentado terrorista contra las Torres Gemelas. Fue una tragedia que todo el orbe conoció directamente, tal como se desarrollaba y eso dejó huella en las retinas de los telespectadores, de tal forma, que cuando llega esta fecha es obligado recordar y vivir, no ya solo por nosotros mismos, sino también por el despliegue mediático que se ocasiona. Vaya desde aquí mi respeto a las víctimas de ese día y mi entendimiento al citado despliegue informativo. Ahora bien, esa fecha no solo tiene unos actores en la ciudad estadounidense. Ese mismo día ,pero en 1973 se suicidaba el autor de este su último discurso: “La historia es nuestra y la hacen los pueblos (…) ¡Trabajadores de mi Patria!: Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! (…) Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que por lo menos será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. Efectivamente, era Salvador Allende. Médico cirujano y político chileno, socialista marxista, presidente de la República de Chile en el periodo 1970-1976, que no alcanzó a completar debido al golpe de Estado de 1973. Allende tuvo una oposición cruel y sin la ética política que se espera en democracia, pero contó con la ayuda de la ciudadanía, de los sectores populares. Este apoyo se manifestaría palmariamente en las elecciones parlamentarias de 1971 y las municipales de 1973. Trabas económicas dividieron a la sociedad chilena, tomando Allende disposiciones que sirvieron para incentivar el diálogo y potenciar la negociación. La derecha recurrió al golpe de Estado militar contra el presidente. En junio de 1973 hubo un primer intento de golpe, llamado El Tancazo, pero las fuerzas leales, encabezadas por Carlos Prats, lograron dominar la situación. El 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet encabezó un golpe militar, durante el cual bombardeó el palacio de la Moneda, sede del gobierno. Allende rechazó las exigencias de rendición y se quitó la vida, suicidándose, pues entendía que así amparaba su cargo, pudiendo salvar la presidencia, que no su persona, y dándole prestigio a la política chilena y entregando un ejemplo de consecuencia y convicción democrática y socialista. Dejó dicho también: “Algún día América tendrá una voz de continente (…) la voz del pueblo, dueño de su propio destino”.