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Sueño y desvarío – Por César Martín

   

Me pregunto qué ocurriría si pudiéramos medir el poder de un abrazo. Tal vez crear algún sistema que cuantificase el valor de una mirada. Valores que ayudaran a comprender lo importantes que son los gestos que nos acercan al otro y su utilidad. Incluso, una vez analizados con precisión los resultados de las valoraciones, sería ideal que fuésemos capaces de tasarlos y marcarles un precio. Llegado el caso sabríamos el coste en el mercado de, pongamos como ejemplo, la unidad de caricias. La gente se acostumbraría a consumir productos enmarcados en los consumibles relacionados con la salud, que creo que sería la mejor categoría en la que situarlos. Los profesionales de las terapias alternativas podrían prescribirlos en sus tratamientos, sus propiedades curativas son excelentes además de sus efectos inocuos. Por otro lado habría que tener factores importantes en cuenta que pudieran desestabilizar su comercialización. Ya se sabe que, a la postre, todo eso generaría especulaciones y tendencias en el mercado, nada escapa al sistema, menos si hay una oportunidad de negocio. Tendríamos escándalos si la unidad de besos estuviese a 1.000 euros frente a la de sonrisas a 20 euros, quizás porque están en la temporada alta, como pudiera ocurrir por San Valentín. Un asunto que seguramente llegaría a las noticias, copando portadas, como ocurre ahora con la subida de los percebes y las gulas por Navidad.

Al final, pues como con todo lo tangible, crearíamos modas, campañas de marketing y publicidad, estudios de impacto, clientes potenciales… Hoy no dejo de delirar porque en el camino de la fantasía hallo mi propio reposo. Continúo pensando en el abrazo del amigo, en su incansable voluntad por arrastrar las penas y convertirse en bálsamo. Pocos valoran el gesto. El café y la vista a la enorme plaza han despertado un ansia por nuevos tiempos. El desvarío no es sino un juego, una quimera en la que reposar la rabia contenida de un mundo deshumanizado. El valor de las cosas estriba en su cifra y no dejamos que se nos inunde el corazón; perdemos la conciencia preocupados por cosas secundarias. La pretensión por aprehender todo es la mayor contradicción a una existencia efímera. El secreto reside en lo inmaterial, en eso que llevas dentro. Así que esta mañana me pongo de oferta, de saldo, seré una ganga. ¡Me lo quitan de las manos! ¿La forma de pago? Trueque.