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La última>

Ahora que no hay pregunta… – por Jorge Bethencourt

   

No soy anti nada por principio. Hay que tener una pasión de la que yo carezco para sentir entusiasmo y adhesión por una causa o para combatirla. Siento una insana envidia por la gente que tiene fe. Por aquellos que creen en lo que quiera que sea, desde una bandera a un dios. Moverse en las penumbras de la duda, en un mundo otoñal de descreimientos y decepciones, es un coñazo de mucho cuidado. Así que yo no estoy contra las prospecciones petrolíferas y a favor de mantener el modelo medioambiental canario. Para empezar, porque el modelo medioambiental canario es una bosta de vaca. Una cosa es la espléndida naturaleza que nos ha dado el destino y la geografía (y que a pesar de nuestros denodados esfuerzos no hemos terminado de jeringar) y otra muy distinta lo que hacemos nosotros para reducir la huella ecológica en el Archipiélago. El Plan Energético de Canarias fue escrito por los hermanos Grimm. Pertenece al género de la fantasía. Los parques eólicos son un comercio de Estado cerrado a la competencia y las placas solares un fondo de inversiones que salió rana. O sea, nada. Nada menos El Hierro, que como vive de las subvenciones de todo el mundo puede permitirse el lujo de ser ecológicamente irreprochable. Si no me gustan las prospecciones es porque Canarias no va a ver un euro. Porque el Gobierno central ha sido altanero, prepotente y torpe, imponiéndolas porque le ha salido de sus decretos. Si no me gustan las prospecciones es porque no van a darnos un jodido empleo. No me gustan las prospecciones porque en Baleares, Valencia y Málaga el Ministerio de Industria ha sido lo que no ha sido en Canarias, dialogante y laxo. Por eso estaría en contra. No por lo otro…