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La cabeza del Partido Popular – Por Miguel L. Tejera Jordán

   

Si Mariano Rajoy monta un circo, seguro que le crecen los enanos. Metido de lleno en plena crisis del ébola, le caen encima de la cocorota las tarjetas opacas de CajaMadrid, en la que estarían involucrados unos 86 exconsejeros de la entidad, imputados ya varios de ellos, entre los que cabe contar a un ínclito exministro popular, Rodrigo Rato, quien, además, fue presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin olvidar al matón de rinocerontes de Miguel Blesa, aficionado a los safaris africanos y a los buenos vinos.

El gallego no se había visto en otra y ya ha advertido a sus correligionarios de la cosa derechosa que se terminaron los tiempos de las mayorías absolutas y que habrá que pactar. En efecto, por fortuna para los españoles, el bipartidismo PP-PSOE se fue a freír chuchangas (bendito sea el Señor). Así que las municipales del año que viene van a convertirse en un excelente termómetro para calibrar la endeblez de los dos grandes, que va a resultar que se pueden quedar muy chiquititos porque, incluso sumando los votos y los sillones de ambos, podrían no reunir las butacas necesarias para gobernar las corporaciones locales españolas en lo venidero.

Sin contar con el descalabro que los dos sufrirán, con absoluta seguridad, cuando lleguen las elecciones legislativas, que son, verdaderamente, las que les tienen muy preocupados. La cabeza política del PP (me refiero a su presidente, a la sazón también del gobierno), rueda ya guillotina abajo, camino del cesto de mimbre en el que él mismo se ha metido, tolerando que los de su casa de Génova hayan metido la mano a la lata del gofio. No les culpo en solitario. Porque, anda que en el PSOE y UGT no están precisamente de celebraciones. Y si no que se lo pregunten a los mineros asturianos…

Centrándonos en el ébola, la cosa es de tal gravedad que no es momento de zarandajas. Llegó la hora de unir esfuerzos al margen de las ideas. No están en juego conceptos ni doctrinas. Tampoco campañas electorales. Y mucho menos vale el quítate tú para ponerme yo. Hablamos de salud, de salud pública. De un contagio que Dios quiera no se convierta en epidemia. La emergencia parece de tal calibre, que en este tema ya no hay siglas. El gabinete de crisis debe contar con todo el arco parlamentario. Sin fisuras. Con lealtad absoluta a los ciudadanos. A los españoles de 17 comunidades autónomas y de dos ciudades que están en el continente en el que se ha originado la gravísima situación.

Los españoles queremos ver a todos nuestros políticos unidos como una piña para resolver la catástrofe. Que no sólo afectaría a la salud, sino a a la totalidad de nuestra economía productiva…
Basada primordialmente en el negocio turístico…

(Que Paulino Rivero – o mejor su sucesor – y José Manuel Soria tomen nota). Que estamos en Canarias.