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Canarias, ébola y contexto africano – Por Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca

   

La semana termina con la natural preocupación por el estado de salud del enfermero de la Cruz Roja tinerfeña que regresó el pasado domingo de Sierra Leona, adonde había acudido en agosto como voluntario de los programas de ayuda de esta ONG. Sus conocimientos sanitarios, su sentido de la responsabilidad y la profesional actuación de Cruz Roja -que somete a sus cooperantes en zonas de riesgo a una vigilancia protocolizada en cuanto regresan a casa- quedaron patentes cuando el propio enfermero contactó el jueves telefónicamente con un internista del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, el centro de referencia dispuesto para los posibles casos de ébola, para comunicar sus sospechas de que podría ser portador del virus de esa enfermedad, ya que presentaba dolor de garganta y unas décimas de fiebre.

Comunicado el caso a la Dirección General de Salud Pública, las autoridades de la Consejería de Sanidad dispusieron la inmediata activación del protocolo previsto, incluyendo la evacuación del paciente desde su casa del Puerto de la Cruz hasta el mentado hospital, en una ambulancia especialmente preparada y con trajes igualmente aislantes para el enfermero y el equipo que participó en el traslado. Su pareja y el hijo que ambos tienen en común, de año y medio de edad, también fueron transportados, con las debidas precauciones y garantías de incomunicación, hasta una zona de aislamiento del mismo centro sanitario, en el que permanecen, sin novedad, en observación.

No voy a entrar en otro detalles del caso que, tras el primer análisis negativo y las prueba practicadas al enfermero, parece que evoluciona favorablemente. Lo que queda claro es que las autoridades canarias han actuado con profesionalidad y diligencia. Nada que ver con la descoordinación observada en la inicial y lamentable gestión del Ministerio de Sanidad sobre el caso de la auxiliar de enfermería Teresa Romero en Madrid, fruto de lo cual fue el relevo de la ministra de sus responsabilidades directas, que pasaron a la vicepresidenta del Ejecutivo y a una comisión especial anticrisis creada al efecto. Incluso en transparencia, aquí se optó desde el principio, con muy buen criterio, por ir de frente al problema, decir la verdad e informar a la opinión pública, en ausencia del presidente Rivero, por boca de la máxima autoridad sanitaria del Archipiélago, la consejera Brígida Mendoza, quien además hizo un muy oportuno llamamiento a los ciudadanos para que mantengan la calma y confíen en la gestión profesional de esta crisis inesperada.

Previsión, turismo, poca ética
La política de previsión aplicada por las autoridades para el asunto del ébola ha permitido crear un comité ejecutivo de coordinación, que quedará oficialmente constituido mañana lunes, así como formar en Canarias, desde agosto pasado -cuando la Organización Mundial de la Salud decretó la situación de emergencia internacional por el brote de dicho virus detectado en varios países de África Occidental-, a unos 1.300 profesionales sanitarios, de ellos 140 del Hospital de Candelaria, a través de un centenar largo de cursos específicos. Se trata de un importante colchón de seguridad, fruto de una política inteligente, bien concebida y aplicada.

Lástima que desde algunos medios de comunicación social -no, desde luego, este periódico, que sigue una trayectoria ejemplar- se haya emborronado el proceso con la difusión del nombre e incluso la imagen del enfermero, quien había reclamado reiteradamente el anonimato en uso de su legítimo derecho a la intimidad.

Bien lejos de considerar un scoop o primicia la difusión del nombre y la foto del interesado, personalmente me parece que nos hallamos ante un muy lamentable atrevimiento profesional y ante una clamorosa falta de ética. No me refiero tanto a los disparates y locuras difundidos sin el menor recato en las redes sociales, donde el descontrol y la ocurrencia campan a sus anchas, sino al comportamiento de varios periódicos y televisiones locales y nacionales.

Lamento expresarme así pero me niego a aceptar que uno de los principios básicos del periodismo pueda ser pisoteado por falta de seriedad, cordura, sensatez y rigor en el ejercicio de una hermosa profesión que nosotros mismos, los periodistas, estamos colocando en niveles de mínima credibilidad precisamente por actuaciones irresponsables e impropias de un correcto ejercicio profesional.

La otra cara de la moneda en la cuestión del ébola, donde obviamente la salud del enfermero es asunto prioritario, se centra en su posible incidencia disuasoria en el sector del turismo, ahora en los albores de la temporada alta y con unas perspectivas extraordinariamente favorables para los próximos meses. Me consta que los máximos responsables del sector, tanto autoridades como particulares, están en contacto con operadores, compañías aéreas y dirigentes de países emisores de turistas, para tranquilizar a todos sobre la presente coyuntura sanitaria.

De momento, no se tienen noticias de cancelaciones o anulaciones de vuelos y estancias, pero la preocupación existe y su evolución va a depender del desarrollo de la enfermedad en las Islas, donde por otra parte se han adoptado todas las medidas precautorias al alcance del poder político, en colaboración con el Ministerio de Sanidad, y de las que se ha informado a los países amigos, sobre todo los transmisores de turismo.

No menos importante, al menos desde el prisma de la diplomacia y el peso e influencia internacional que puede aportar a España, y dentro de ella a Canarias, figura la tardía, por inexplicada, decisión del Gobierno español de acceder a la solicitud de Naciones Unidas de poder utilizar el aeropuerto de Las Palmas-Gando (de la que ni siquiera por cortesía fue informado en tiempo y forma el Ejecutivo autonómico) como cabeza de puente aéreo para atender la crisis del ébola mediante traslados de personal, técnico y sanitario, alimentos, pertrechos y material sanitario y de emergencia.

Tanto la ONU como las ONG -y los países de la Unión Europea, a los que previsiblemente se ampliarán los permisos de escala- que operan en la zona donde se ha extendido el virus, se han comprometido a someter a su personal a los controles y procedimientos de revisión y aislamiento exigibles según los protocolos de la Organización Mundial de la Salud. El Ejecutivo de Rajoy ha anunciado que sólo autorizará vuelo a vuelo y siempre que se cumplan en cada caso las obligadas garantías de seguridad e inmunidad para la salud de los ciudadanos canarios.

Solidaridad
Salvado este compromiso imprescindible, si España quiere jugar algún papel en el continente africano, está obligada a demostrar su solidaridad en materia humanitaria, además de poner en marcha nuevas embajadas -en lugar de fusionar o suprimir otras-, así como diversos acuerdos, nacionales y multilaterales, de colaboración, en materia de inmigración y formación principalmente. A estos efectos, Canarias puede desempeñar un protagonismo de primordial importancia por su privilegiada posición geográfica, como prolongación natural de los intereses españoles y comunitarios en África. Desde el primer Gobierno de Felipe González, se ha hablado incesantemente sobre el papel que podrían jugar las Islas como cabeza de puente hacia el continente vecino a través de la creación de un gran centro intercontinental para el intercambio de culturas y experiencias y para la formación de especialistas africanos en distintas materias.

El proyecto inicial ha quedado reducido casi a un think tank en forma de modesta Casa África, concebida como parte de la acción exterior del Estado en los terrenos divulgativo, cultural y de educación, en vez de proyectarse como auténtica plataforma política, económica, científica y logística hacia África y lo africano en general, e incluso como centro gestor de alianzas y proyectos del continente.

Con un ambicioso Plan África cuya vigencia acabó en 2012, el Gobierno desarrolla en ese continente una labor humanitaria que ha ido a menos debido a la crisis económica, centrándose ahora la actuación gubernamental, más que en la erradicación de la pobreza y los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en la contención de la amenaza terrorista en el África subsahariana, los acuerdos para la regulación de los flujos migratorios y la defensa de los intereses geoestratégicos y económicos.

Demasiado poco para lo que se puede hacer, vía Canarias sobre todo, en el continente de las grandes necesidades y las grandes oportunidades.