X
luces y sombras >

Contagio – Por Pedro H. Murillo

   

Cuentan que al canciller Winston Churchill le interpelaron sobre la posibilidad que las democracias europeas intervinieran en defensa de la República Española tras el golpe de estado de Franco en 1936. El orondo estadista migró el grueso y mascado puro de la comisura de sus labios y le contestó al periodista: “España. Mejor no. Sangre, mucha sangre”. La anécdota tenía que ver con la leyenda negra de nuestro país y con la cobardía motivada por los intereses políticos británicos que no querían enfrentarse frontalmente con los totalitarismos. Craso error. No es que la Pérfida Albión no nos vaya a la zaga en materia de hemoglobina y barbarie.  Escribo estas líneas en viernes por lo que desconozco si cuando usted, que tiene la amabilidad de leerme en domingo,  tenga nuevas noticias sobre el destino de la auxiliar de enfermería contagiada por el virus del ébola. Esta circunstancia no es óbice para constatar el grado de contagio de un virus que me temo es más complicado de erradicar: la imbecilidad. El grado de estulticia y surrealismo que hemos alcanzado en la última semana desde que conocimos la primera infección del virus mortal en Europa ha superado todos los límites.  Esta situación ha sido insoportable y la degradación intelectual de políticos, periodistas y un amplio sector de la ciudadanía ha sido alucinante. Empezando por la falta de ética periodística de algunos que han querido destripar e incinerar a la pobre auxiliar de enfermería mientras luchaba por su vida en una cama de hospital. Además de ello,  un impresentable a la sazón consejero madrileño de Sanidad, achacaba la mayor crisis de salud pública de la historia reciente, a la falta de conocimientos y la torpeza a la hora de emplear un traje de protección biológica de una profesional sanitaria que se presentó voluntaria para cuidar a un enfermo al que nadie quería atender por su alto riesgo de contagio y a la que le impartieron una charla de un cuarto de hora sobre cómo enfrentarse al virus mas mortífero del planeta. La verdad es que me da igual si la auxiliar de enfermería supo o no supo colocarse el traje y me la trae al pairo que si tenía un máster para ello. Lo que me resulta vomitivo es la falta de transparencia de un gobierno inoperante que con su opacidad informativa solo ha vertido mas gasolina a la hoguera del miedo. No puedo dejar de pensar de que a pesar de todo, a esta mujer  en menos de una semana, lucha por su vida en una cama de hospital contra un virus mortal, le han abierto en canal su vida y la de su marido; le han matado a su perro, entrado en su domicilio, despedido a su hermano y culpado de traer a nuestro país un virus del que no teníamos ni idea porque solo afectaba a seres humanos invisibles que por cierto están siendo masacrados por el hambre, la guerra y el ébola. Asco de país.