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Cuando pase el aquelarre – Por Pedro Calvo Hernando

   

Cuando todo este aquelarre se haya terminado, supongo y deseo que llegará la hora de iniciar un camino por el que habría que haber empezado, en lugar de, entre todos, someter a España a esta crisis infernal que dura ya más de dos años. Artur Mas y los soberanistas han pisado todas las líneas rojas y han abusado de la confianza de todos los españoles, incluidos los millones de catalanes que no son separatistas.

Y el PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, ha hecho todo lo posible para favorecer la conversión del sueño de unos pocos en la pesadilla de una gran mayoría. No voy a repetir la historia de lo uno ni de lo otro. Ahora nos encontramos en la encrucijada siniestra en la que podría pensarse que no hay salida y que nuestro país va a estrellarse contra sí mismo en unas pocas semanas, tras las decisiones del Parlament catalán, del Gobierno español y de las grandes instituciones constitucionales de España.

Y tras la inmensa decepción que seguirá a todo esto, sin que importe ya mucho que era un final archisabido, al menos por todos aquellos que hemos procurado contemplar la historia con inteligencia y con frialdad.

Ya sabemos cuál es el camino a seguir cuando todo esto pase. Es la ruta del diálogo inteligente y de la toma de decisiones consensuadas y libres de toda la metralla que ahora nos ahoga. Si el independentismo era una locura y el seguir igual era una gran estupidez, ya sabemos que nos espera el encuentro de las voluntades ahora dispersas y enfrentadas. Yo no sé si lo de Escocia es semejante o no a lo de Cataluña.

Pero al resultado de Escocia se puede y se debe llegar sin recorrer su camino. La Constitución española no permitía las pretensiones del independentismo. El sentido común y la sabiduría política no permitían el inmovilismo.

Es claro que entre ambos contrasentidos se alza la racionalidad de salir de los dos extremos y encontrar un término medio conveniente y aceptable por y para todos. Y está dicho y estudiado con enorme claridad.

Es la reforma de la Constitución española para convertirla en el vehículo del entendimiento, del respeto y de la esperanza de todos los habitantes de este país llamado España. Un vehículo que haga posible una Cataluña con el más alto grado de autonomía dentro del Estado español y querida y respetada por el resto de ese Estado.