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Defensa y protección de Santa Cruz – Por José Manuel Bermúdez

   

Santa Cruz de Tenerife sufrió de nuevo, el pasado domingo 19, las terribles consecuencias de un violento temporal de lluvias torrenciales, que comprometieron seriamente la seguridad de los vecinos y la integridad de las vías públicas e infraestructuras municipales. Por fortuna, en los últimos años, especialmente tras la catástrofe acaecida el 31 de marzo de 2002, las condiciones y la capacidad de respuesta ante estos fenómenos meteorológicos adversos ha mejorado en nuestro territorio de forma exponencial. De lo contrario, seguro que en estos momentos estaríamos lamentando más y mayores efectos negativos y la posibilidad de vernos ante el panorama de una ciudad semidestruida.

Como otros muchos vecinos, yo me acosté el sábado sabiendo que al día siguiente íbamos a tener lluvias. Se nos había informado que estarían en el entorno de los 60 litros por metro cuadrado. Pero la realidad es que en la mañana del domingo nos enfrentamos a precipitaciones de hasta 140 litros. La diferencia es grandísima, por lo que resulta muy difícil adecuar la respuesta, tanto en los mensajes de autoprotección que se facilita a la población como en el despliegue de los servicios públicos necesarios (seguridad, protección civil, etc.) para hacer frente a la tormenta desde el primer instante. De ahí que hayamos pedido los medios adecuados para que los profesionales de la Agencia Estatal de Meteorología puedan realizar sus predicciones con una mayor certeza.

Sin obviar la importancia de los daños producidos y la dolorosa pérdida de una vida humana, que lamentamos profundamente, el Ayuntamiento viene trabajando desde el primer instante, con la colaboración de otras administraciones e instituciones públicas y privadas, en la reparación de los efectos negativos del temporal. Un amplio contingente de operarios, con todo tipo de vehículos y maquinaria, se ha empleado con denuedo para poner al día la Ciudad. Asimismo, conscientes de la más que probable posibilidad de que este tipo de fenómeno pueda repetirse en un futuro no muy lejano, estamos obligados a reforzar las condiciones de resistencia del municipio frente a coyunturas similares.

Por eso hemos intensificado, a lo largo de toda la semana, la tarea de la evaluación de los daños sufridos, en todos los órdenes. Porque se trata de saber con exactitud dónde hay que trabajar, estableciendo prioridades, y qué coste tiene cada una de esas actuaciones. De este modo, en colaboración con los gobiernos de España y de Canarias y el Cabildo de Tenerife, estamos decididos a poner en marcha un amplio dispositivo de diligente atención a las personas que se han visto afectadas y de pronta reparación de las infraestructuras dañadas por las consecuencias de estas lluvias torrenciales. La vía de la emergencia, en virtud de los diferentes decretos que he firmado en estos días, nos parece la más adecuada, habida cuenta de la trascendencia de esta situación.

Resulta evidente que muchas de las infraestructuras construidas tras la riada de 2002 han funcionado. Con un temporal de violencia parecida, han soportado este nuevo embate de la naturaleza. Pero también se antoja incuestionable la realización de actuaciones pendientes en determinados puntos de la Ciudad, como son la avenida de Venezuela, los cauces de los barrancos del Hierro -a su paso por Tío Pino- y del Cercado o los barrios de La Gallega y Vistabella, por citar algunas. Si el resultado de estas obras, que pretendemos acometer por la vía de la cooperación, fuera el perseguido, no cabe duda de que estaríamos en el camino de lograr esas condiciones de resistencia.

Como alcalde de Santa Cruz he vivido estos momentos con honda preocupación, sabedor de la angustia que pasaban muchos vecinos del municipio, tanto en el instante más agudo del temporal como al comprobar las consecuencias de la lluvia en sus viviendas o pertenencias. Pero también he extraído conclusiones muy positivas de estas fechas, referidas a la respuesta de los profesionales y voluntarios participantes en el dispositivo de seguridad y emergencia. Igual que por el comportamiento cívico y responsable de toda la ciudadanía santacrucera. O por la implicación total y absoluta de numerosas empresas y profesionales dispuestos a ayudar, de manera desinteresada, desde el primer momento.

Todo ello hace que nos sintamos orgullosos y agradecidos, una vez más, por la férrea determinación y la absoluta implicación puesta en la defensa y protección del municipio, por tantas personas y colectivos.