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El deporte, como la vida misma – Por Tamara de la Rosa*

   

Cuando hablamos de deporte, por ejemplo del fútbol, tendemos a pensar solo en 22 jugadores, un árbitro y lo que hay detrás (directiva, federaciones). Pero se nos escapan muchísimos detalles que van más allá. Y es que el deporte es una escuela donde se aprenden los principales valores y capacidades que necesitamos para la vida. Es curioso como algunos jugadores que vivían en chabolas literalmente o en barrios marginales, sin posibilidad de crecer, se han superado, y con trabajo duro, se han convertido en grandes estrellas.
Curioso como al final del partido los jugadores se dan la mano, intercambian camisetas así como denuncian todo acto que vaya en contra del espíritu deportivo. Y es que el deporte es como la vida misma. La involucración temprana de los niños en el deporte favorece el buen desarrollo físico y mental de estos, educándoles en valores esenciales para la vida.

Hace años conocí a una persona que en la vida ha conseguido todo lo que se ha propuesto y que desde niño ha practicado numerosos deportes. Logró tener éxito en varios de estos deportes, llegando a ser durante 18 años campeón de frontón en Tenerife y dos veces campeón de Canarias. Lo definiría como la ambición por superarse personificada. Persona que supo aplicar en su desarrollo y crecimiento personal valores y aptitudes muchas adquiridas a través del deporte. Admirable por su forma de afrontar la vida, su capacidad de buscar soluciones y no hundirse ante las adversidades, por su facilidad de aceptar lo incambiable y enfocar su atención en nuevos propósitos. Un día, fascinada por su continuo optimismo y su facilidad de encontrar en toda situación una perspectiva positiva, le pregunté : “¿Nunca tiras la toalla?”.

El me miró con una sonrisa y me contestó: “No, porque esa sería la única opción con la que no conseguiría ningún resultado”, y continuó con unas palabras que me marcaron la vida: “Tamara, la vida en sí es como practicar deporte. No hay que conformarse con lo que tienes sino luchar por lo que te mereces. Como en el deporte, hay que marcarse objetivos, entrenar y esforzarse, trabajar duro hasta conseguirlo. No debes compararte con el resultado de otros, simplemente superarte a ti mismo. Caminando solo, puedes conseguir el éxito, pero en equipo, llegarás mucho antes y disfrutarás mas porque celebrarán juntos los triunfos y se apoyaran y animarán en las derrotas. Nunca hay que tener miedo a arriesgar, siempre que sea para conseguir superarnos y mejorar. Sólo cometiendo todos los errores de un determinado campo te convertirás en experto de éste” .

Esta persona es Javier de la Rosa y, casualmente, es mi padre. Me encantó el símil que hizo sobre la vida y el deporte y entonces aprendí, y estudiando una de las optativas de la carrera (Psicología del Deporte) confirmé que lo que muchos ven como una pelea absurda entre rivales, una actividad de fin de semana y casual, una actividad para liberar adrenalina y limpiar toxinas, va mucho más allá. Quien realmente se involucra, logra sentir pasión y ama el deporte, adquiere inconscientemente valores y aptitudes que le servirán y facilitarán el desarrollo de su vida personal. A través del deporte, y con un buen entrenador, un niño aprende e interioriza la existencia de normas y la responsabilidad de cumplirlas. Autodisciplina, espíritu del esfuerzo. Tolerancia a la frustración ante un fracaso. Aprende a ver el fracaso como una inyección de aprendizaje y una motivación para volverlo a intentar. Desarrolla su capacidad de superación. Aprende la importancia de trabajar en equipo fomentando la socialización, compañerismo, respeto. Resolución de problemas aprendiendo siempre a generar nuevas estrategias y eligir la más acertada. Desarrollar una adecuada confianza en sí mismo, fortaleciendo sus potenciales y trabajando y mejorando sus debilidades.

Y es que, el deporte, no es un simple juego, es un estilo de vida que a través del juego aporta educación en valores.

*PSICÓLOGA
tamaraconsulta@gmail.com