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El derbi fue un espejismo

   
Maxi Pérez dispuso de varias ocasiones para batir a Queco Piña, pero no aprovechó ninguna. | JOSÉ A. GARCÍA

Maxi Pérez dispuso de varias ocasiones para batir a Queco Piña, pero no aprovechó ninguna. | JOSÉ A. GARCÍA

MARTÍN-TRAVIESO | Santa Cruz de Tenerife

Lejos de aprovechar el impulso ganado ante la UD Las Palmas, el CD Tenerife firmó en Leganés un partido desastroso, volviendo así a las andadas. Demostró de nuevo unas alarmantes carencias tanto en ataque como en defensa, esta vez ante un rival igual de débil, aunque puso más voluntad. El Lega aprovechó un penalti estúpido y una acción aislada para llevarse los tres puntos. Como si el derbi no se hubiese jugado nunca o como si se tratase de un espejismo, el Tenerife vuelve a estar en estado de crisis.

Arrancó el partido con intensidad por parte de los dos equipos y una ocasión favorable al Tenerife. Guarrotxena robó en el centro del campo y asistió en profundidad para Aridane, pero el disparo del grancanario se marchó al lateral de la red. Fue una buena ocasión desperdiciada.

La respuesta local no se hizo esperar. Doble acción consecutiva las dos protagonizadas por Borja Lázaro. La segunda fue muy clara. Tras un resbalón de Carlos Ruiz, le llegó un rechace, pero no acertó a pesar que disfrutaba de una posición inmejorable para batir a Roberto.

El Municipal de Butarque había despertado con ambas acciones ofensivas de los suyos y pedía más. Llegó entonces el primero de la tarde. Penalti claro que comete Aitor Sanz, sin discusión. El medio blanquiazul trabó a Sergio Prendes, que cayó al verde y el colegiado no dudó ni un segundo. Se encargó de tirarlo Álvaro, quien ejecutó a su derecha. Roberto se tiró a la izquierda, por lo que el Leganés cobró ventaja.

Con este panorama, al cuadro de Cervera le tocaba arriesgar, tocar el balón y acercarse a la meta del veterano Queco Piña. Así lo hizo y en una de esas jugadas surgió la mejor ocasión del partido para los blanquiazules. Probablemente en ella fue en la única jugada en la que se lució el mexicano Uli Dávila, quien asistió a la perfección a Maxi Pérez. El uruguayo, con todo a su favor para solo alojar el balón dentro de la portería, falló lo que un profesional en esta categoría no puede permitirse fallar. Se quejó de que un rival lo había desestabilizado. La televisión demostró que la realidad fue otra y el argumento del jugador blanquiazul una mera excusa. Iker Guarrotxena lo intentaría poco después a balón parado, pero tampoco así, ya que el envío del jugador vasco se fue por encima de los dominios de Queco Piña.

El Tenerife parecía que llegaba al límite de la primera parte con el duelo controlado, sin embargo la realidad es que sus apariciones en ataque eran más bien aisladas, por lo que el equipo madrileño estaba moderadamente satisfecho del transcurso del primer acto.

El paso por los vestuarios enfrió enormemente los ánimos. Cervera intentó variar el guión del partido incluso antes de que se produjese la reanudación del partido. Dejó en la caseta a Iker Guarrotxena y dejó entrar al terreno de juego a Cristo Martín, quien de manera incomprensible no entró en el once inicial. Así premiaba Cervera al jugador que le regaló el triunfo en el derbi. Lo mismo se puede decir de Suso, quien también tuvo que entrar al partido desde el banquillo.

El Tenerife necesitaba a un jugador que intentara tener la pelota y esa era la misión de Cristo, con quien el equipo ganó más protagonismo y dinamismo, no obstante llegaba a concretar jugadas de ataque que hicieran temblar a Queco Piña.

Mientras, el Leganés se encontraba en una posición cómoda. Arropado atrás, sin correr riesgos innecesarios y sin importarle ceder el dominio del juego al rival, aguardando así una oportunidad para sentenciar el choque a la contra.

Al borde de la hora de partido llegó un aviso por parte del Leganés en un lanzamiento de Álvaro García que se marchó ligeramente desviado.
Otra vez Cervera actuó. Ricardo apuntaló la medular y pocos instantes después Suso Santana también tuvo su oportunidad. Así el planteamiento inicial quedaba en nada, todo fuera por encontrar el empate.

Resultado que nunca llegó. Todo lo contrario. Lo que llegaría sería la sentencia del Leganés. Velasco cedió el balón a Carlos Lázaro, quien remató a la media vuelta. Nada pudo hacer Roberto para frenar el 2-0.

El Tenerife trató de reaccionar en los últimos minutos de partido, pero era tarde. La derrota llegó de manera inapelable y justa, enviando de nuevo a los blanquiazules a los puestos de descenso. Cruz de Tenerife