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Digo ‘no’ porque me da la gana – Por Tamara de la Rosa

   

A muchos, desde niños nos enseñan a borrar de nuestro vocabulario el dichoso ‘no quiero’ por identificar esta expresión con la mala educación, en vez de enseñar a gestionarlo, lo que conduce a la sumisión, y en este caso, a tener problemas a la hora de decir ‘no’. Excesiva importancia a la búsqueda del reconocimiento de los demás haciéndole un flaco favor a nuestra autoestima.

Por supuesto, hay situaciones en la que es imposible decir ‘no’, aunque siempre podemos manifestar nuestro desacuerdo. Por ejemplo, cuando tu jefe te pide quedarte a una reunión fuera de horario laboral. Otras situaciones en las que nos resulta más sencillo porque no conocemos al otro. Por ejemplo, cuando subiendo por la calle del Castillo te van abordando con folletos de publicidad, que si no dices que ‘no’, llegas a la plaza de Weyler con material suficiente para encuadernar un libro. Y por último, los casos en los que somos incapaces a negarnos cuando con la otra persona mantenemos una relación, ya sea de amistad, laboral o de pareja. ¿Cuántos hemos estado relajados en el sillón y nos piden el favor de ir a buscar a alguien y aunque la ansiedad se apodere de nosotros, se nos ponga el nudo en el estómago, echemos sapos y culebras por la boca, nos vestimos y lo hacemos por no decir no? Y es que a veces olvidamos que decir ‘no’ (y que nos lo digan) es un derecho que todos tenemos y que debemos aplicar y aceptar. Hemos aprendido a sentirnos culpables o pensar que le hacemos daño a otro por negarle algo. ¡Nos movemos por miedos! Miedo al qué pensará, al rechazo, a que nos tachen de egoístas, de maleducados, y al final, acabamos sometiéndonos al otro, dándole prioridad a su bienestar más que a nosotros mismos. ¿Seremos masoquistas?

Debemos romper el mito de que decir ‘no’ está mal hecho. No es de egoísta, ni de desconsiderado, ni de mal amigo, ni de mal pareja, simplemente es una opción que debe ser considerada, aceptada y respetada. Al decir ‘sí’ cuando quieres decir ‘no’, no solo das prioridad a las necesidades de otro antes que a ti, sino que machacas tu autoestima, alimentas tu inseguridad y generas grandes cantidades de ansiedad y estrés, que si lo haces de forma continuada acabará pasándote factura.

Cuando dices que no estás siendo fiel a lo que sientes, piensas, a tus valores y creencias, defiendes tu derecho y lugar ante los demás, aumentas la autoconfianza y sensación de seguridad frente al resto. Marcas tus límites, te das a respetar y no acostumbras a los demás a que decidan por ti ya que cuentan con tu ‘sí’ por adelantado. Saber decir ‘no’ es tomar las riendas de tu vida. Eres tú quien decide lo que hacer en vez de los demás. ¿Se puede aprender decir ‘no’? ¡Por supuesto que sí! Ser del agrado de todos es un desgaste emocional importante. A veces, es preferible decir ‘no’ y que se molesten con nosotros que decir ‘sí’ y molestarnos con nosotros mismos. Utilicemos empatía. Expresarle que entiendes su situación y explicarle por qué no vas a poder complacerle (sin extenderte). Ofrecerte para buscar otras alternativas para solucionar su problema. Es una elección del otro tomárselo bien y respetar tu decisión o molestarse por no obedecerle. Pero ese no es tu problema. De ser esclavo de algo, que sea de tus deseos. Ayudar y estar dispuesto a hacer un favor es muy diferente a sentirte obligado a hacerlo.
*PSICÓLOGA
tamaraconsulta@gmail.com