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Un ébola en santidad – Por Cecilio Urgoiti

   

El equipo médico del Hospital Carlos III, centro dependiente del Hospital La Paz, insinuaba la semana pasada que la responsable de la primera infección por virus de ébola en España y por ende en Europa, podría ser la propia infestada del virus. Esto se hace sin más prueba que le ampare, que aquellas coletillas de las paginas de sucesos “tras un hábil y sutil interrogatorio”. El doctor Germán Ramírez, de Medicina Interna del Hospital de La Paz, ha explicado que la auxiliar de enfermería contagiada, Teresa Romero, pudo adquirir la enfermedad al tocarse la cara con el guante cuando se retiraba el traje protector después de atender al religioso Manuel García Viejo, fallecido a causa del virus. Lo que sí se ha conseguido es un grado más, si cabe, de rabia e indignación en contra del Gobierno, claro que poco les debe importar a estos inútiles gestores. Ellos tienen la vida resuelta, como manifiestan abiertamente a los cuatro vientos. Miremos hacia atrás cómo han resuelto los casos. ¿Quiénes han sido los culpables? Menos ellos, cualquiera. Su protocolo dicta bien claro que ellos nunca asumirán responsabilidad alguna y como prueba estos retazos extraídos del ingenio ciudadano. Prestige: el capitán del buque, que fue el ejecutor del alejamiento del barco del abrigo de la costa. Yak-42: el piloto, por dejarse contratar. AVE a Santiago: el conductor ferroviario. Metro Valencia: el conductor del propio metro. El 11-M: ETA, con la inagotable ayuda de un medio escrito de comunicación. La tragedia de Ceuta: los propios inmigrantes. El caso Bankia: el juez Silva por pensar mal del caballero galardonado con tarjeta de oro y brillantes opaca, amigo del amigo y también asesor financiero del PP. Nunca han asumido un error. Esta casta es tan perfecta que es imposible encontrar entre ellos culpables y en caso de que alguna evidencia nos lleve a ello, lo niegan y se acabó. La impresión que da la observación y el seguimiento de los avatares con el protocolo de vestir y desnudar al personal sanitario es una pesadilla de vodevil. Vamos, que no hay Sanidad Pública, que no hay Ministerio y mucho menos ministra con conocimiento del embolado que nos trajeron los misioneros y que, el director de la opereta se ha ido a por tabaco, mientras improvisa una mentira de dudosa credibilidad. ¿Sabrá el presidente, autor material de la recepción de los religiosos en la última fase del ébola, qué es el sentido común? De ahí por ejemplo, que diera una rueda de prensa para hablar de la transparencia y no admitiera preguntas, ni tampoco explicara que la rueda de la ministra Mato fue el detonante de la auténtica alarma social, que vino tras el desafortunado contagio de la señora Romero y los conocidos exabruptos del consejero de Sanidad de Madrid, de muy difícil superación.