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Educación optimista – José Juan Rivero

   

Las personas más optimistas suelen ser más perseverantes, han tenido o suelen tener éxito en la vida y con mejor salud física, todo ello viene determinado por esa actitud más positiva ante la vida, nuestra manera de percibir y analizar la realidad. Cuando hablamos de optimismo, nos referimos a una característica de nuestra personalidad relativamente estable en el tiempo, además es una característica que aprendemos desde que nacemos, se va conformando en nosotros como una forma de vida. Por esa razón nuestra educación familiar y los procesos formativos formales y no formales que afrontamos a lo largo de nuestra infancia son definitorios en la conformación de nuestro optimismo. Muchos autores además plantean la importancia de vivir en entornos favorecedores de optimismo, potenciadores de positividad, como elemento definitorio a la hora de conformar futuros adultos positivos, optimistas. Esos entornos deben de ser diseñados en nuestras escuelas, a través de un trabajo integral entre las familias, esas escuelas positivas de padres, los profesores y todos los agentes que participan en la educación de nuestros hijos.

Por lo tanto, implica un cambio de actitud y de forma de entender la educación y los centros educativos, junto a la comunidad que conforman todos los agentes que intervienen en este proceso tan complejo y definitorio a la vez en la vida de nuestros futuros adultos. Por ello debe de existir en toda la comunidad educativa una apuesta por el cambio de paradigma, potenciando modelos marcados por una felicidad más sostenible. Es importante reseñar la necesidad de sentirnos optimistas, ya que lo entendemos como un potencial motivador, impulsor de nuestro desarrollo personal, nos permite percibir la realidad con una chispa de positividad, es cierto que existe un tope de positividad, de optimismo que nos hace falsear nuestra realidad, que tenemos que potenciar en nuestra vida ese optimismo inteligente, que actúe como potencial vital que nos permita acudir en cada momento a herramientas que nos permitan solucionar los problemas, que nos permita vivenciar desde la esperanza. Todo ello hace que nuestra vida cambie, ya que el optimismo y el pensamiento positivo, nos permiten generar estrategias de acción y de afrontamiento, es decir al mismo tiempo somos más resilientes, ya que aprendemos, porque vemos el potencial del aprender de nuestros errores. Como vemos, entender el optimismo, es entender una forma de vida, que podemos potenciar y aprender desde pequeños, eso no quita que ahora mismo, podamos plantearnos un plan de cambio en nuestra vida, donde lo primero que me plantee es que debo de cambiar mi visión, mi enfoque. Empezamos a educar en positivo.

*PSICÓLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLGÍA POSITIVA
@jriveroperez