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A veces soy humano>

Hablar sin palabras – Por Félix Díaz Hernández

   

Expresar esa nebulosa inmaterial que hemos convenido en llamar sentimientos nunca me ha parecido una tarea fácil. Sacar de dentro esas sensaciones y codificarlas en palabras, frases o discursos nos pone, en esta sociedad despersonalizada y vacua, ante un reto de enormes dimensiones. Porque no está de moda y porque hay quien cree que esas expresiones suponen un signo de debilidad por mostrar a los ajenos, más o menos próximos, de qué pasta estamos hechos. También se complica la cosa debido a una legión de evanescentes mentirosos y fabuladores que interpretan su extroversión sentimental en cascada, aunque no sea cierta, pero queda muy bien de puertas afuera. La pasada semana he podido disfrutar del volcado de unos sentimientos, a través del cauce de la musicoterapia, que han protagonizado un grupo de personas con enfermedades mentales. Los colores, la elección de motivos y su plasmación cuelgan de las paredes del TEA en la capital tinerfeña. Sin embargo, esta exposición me ha hecho desembarcar en orillas más lejanas; las de la incomprensión de nuestra realidad; la de los que estamos presuntamente sanos. Esta amputación de los sentimientos en la que planeamos a diario socava el suelo bajo nuestra vulgar existencia. Y al final, poniéndonos trascendentes, ¿qué queda de nosotros tras nuestro paso por esta vida? ¿Obras? ¿Descendencia? ¿Hipotecas, seguros, testamentos? Creo que no, lo que permanece es el recuerdo que impregnamos en otras personas mientras que estas permanezcan vivas. Ya sea por nuestras vivencias conjuntas, sensaciones que hemos podido transmitir o compartir, o por una forma de ser, de enfrentarnos a la vida. La conclusión, una vez más, es que la mejor inversión va a ser vivir y sentir a día de hoy, no vaya a ser que no haya mañana y aún no lo sepamos.