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El cráter >

Iceberg – Por Juan Carlos García

   

Navegando por las prístinas aguas del lago Argentino, entre los glaciares Perito Moreno, Upsala y Spegazzini, el viajero puede verse sorprendido por el volteo repentino de alguno de los cientos de icebergs que lo pueblan. Emerge con estrépito esa parte oculta, límpida y de un azul intenso. Si este fenómeno no ocurre, tan sólo se apreciará el extremo de cada témpano de hielo. Esa punta del iceberg que muestra una octava parte de su volumen. Tanto la población española, en general, como la canaria, en particular, se han familiarizado en estos últimos años a compartir el café de media mañana con el escándalo político-socio-económico de turno. Una de las frases más pronunciadas por gran parte de la sociedad en respuesta al desmán correspondiente destila no tanto un regocijo por el corrupto imputado, como una indignación por las conductas despreciables aún no destapadas: “Eso es solo la punta del iceberg”. Esta misma sociedad demanda el surgimiento de esa gran parte oculta.

El miércoles falleció Ben Bradlee, el mítico director de The Washington Post, quien, en un alarde de periodismo de verdad de dos de sus reporteros, fue capaz de hacer voltear el iceberg que dejó al aire las vergüenzas de Nixon. Destapó el escándalo conocido como caso Watergate que provocó la dimisión del presidente. Fue llevado a la gran pantalla con el título Todos los hombres del presidente. En estas últimas semanas se ha acentuado el avistamiento de puntas de icebergs. Los casos de dislates delictivos del poder son numerosos. Todos los hombres del presidente. Ahí está la clave. Entendiendo presidente como la persona de máxima responsabilidad de una institución política, social o económica. La clave está en no sucumbir al miedo soterrado por desentrañar la parte oculta del iceberg. Navegando por las procelosas aguas de los distintos sectores del poder de este territorio insular o del peninsular cada vez resulta más habitual que aquellas personas que lo detentan se vean atrapadas por el volteo de un iceberg que deja patas arriba sus miserias en toda su extensión, no solo una octava parte de su volumen. Emerge con estruendo esa parte oculta, enlodada y de un marrón intenso.